Un encargo desde la tumba. De Mon

— ¿Qué nueva, cruel y ruin me traéis indigno caballero? ¿Cuál es el alma malvada que os obliga a cometer semejantes atropellos? Sed portentoso y valiente, habladme, no permanezcáis en la penumbra, se quien os envía y debéis responder por él.
— Desolado me hallo espada que me hablas, si por inspiración divina he de confesar, séllense mis labios para siempre que a mi señor no voy a traicionar.
Sois malvado y rufián, ¿quien se atreve a levantar la voz ante mí? Responded a mi pregunta o vuestro logro habrá quedado en quimera.
— Soy un pariente de vuestro señor, por quien estáis dispuestos a batiros.
— No se os ocurra hablar de mi noble señor o válgame Dios que no pronunciaréis otra palabra en vuestra vida, ¿Quién sois, bellaco? —Grita acaloradamente
— Soy el Capitán de la Guardia Real, Román de Gandía, dadme vuestro plácet y me mostraré ante vos.
— Agarraos subid aquí. ¡Capitán, pensaba que habíais muerto!
— Es lo que todo el mundo debió creer por el bien de la seguridad de nuestro señor. Dadme la mano y escalo el muro para veros más de cerca.
— Ahora no me cabe ninguna duda, quien hasta mi viene ha de ser por una causa más que justa, pensé que nadie conocía esta entrada, pero claro…vos habéis servido en palacio muchos años. Decidme, ¿de qué se trata mi capitán?
— Se trata de vuestra muerte, todo el mundo sabe lo vuestro con Lady Amparo, tengo ordenes precisas sobre vuestro porvenir y creedme que es bien efímero.
— ¡Venís a darme muerte?
— Así ha de ser, la muerte por un muerto es agravio sutil e inexistente, nadie me buscará…pero vos…
¡Guardias! Vocea el capitán Roman, venid, aquí hay un hombre muerto. Al terminar su dolorido encargo se marcha, enfundando su sanguinolento metal, con la sombra que le acompañó, para descansar en paz en el lugar desde donde nadie regresa.
Mon 27/09/2006
El precio de la fama. De Aquarella

Solamente los sollozos de un hombre desolado se atreven a interrumpir el silencio de la lujosa suite del hotel. A pesar de la penumbra reinante, puede apreciarse el desorden de la habitación... es obvio que ha habido una pelea. Un murmullo se apodera de la estancia
— ¿Por qué lo has hecho cabrón? ¿Por qué? ¿Cómo has podido ser tan ruin conmigo? ¡Éramos amigos, confiaba en ti! —Unos golpes en la puerta interrumpen el monólogo
— ¡Policía! ¡Abran!
— ¡Joder, qué rápido han venido! Está claro que a los ricos os cuidan mejor... habría que ver cuanto habrían tardado en llegar a mi barrio después de un único disparo —una irónica sonrisa termina la frase —seguro que ni habrían aparecido.
Alberto no tiene ninguna intención de abrir, no hasta que termine la conversación con el desgraciado que, tirado en el suelo y muerto de miedo, suplica por su vida con la mirada de un cordero degollado.
— Siempre he celebrado tus logros como si fuesen míos, compartía la alegría de tus éxitos y lo hacía de corazón... no habría confiado más en ti aunque hubiéramos sido parientes y tú ¿Cómo me lo pagas? ¡Cómo un vulgar ladrón de escalo! Amigo... tú no tienes ni idea del significado de esa palabra.
A duras penas, su interlocutor balbucea un “lo siento” que sólo consigue enfurecerle aún más
— ¿Lo sientes? ¡Ah bueno, entonces ya está todo arreglado! ¿Tú eres imbécil? Me robas mi novela, la haces pasar por tuya y yo me entero por los periódicos del éxito de la nueva obra de mi mejor amigo ¡Mi novela! ¿Qué esperabas, mi plácet para seguir con el juego?
— Aclararé las cosas.
— ¡Claro que las aclararás capullo! Te va la vida en ello... pero lo haremos a mi manera. Ahora, cuando entren los polis, diremos que esto ha sido un lamentable accidente. ¿De acuerdo?
— De acuerdo
— Y en cuanto al pago de mi inspiración... ya lo arreglaremos. No sería rentable reconocer ahora que se trata de un plagio, perderíamos ventas, así que en cuanto te recuperes seguirás con la promoción... todos los beneficios serán para mí. ¿Está claro?
— Sí... pero deja que entren, por favor, necesito un médico.
— Por supuesto, no vamos a dejar que se muera la gallina de los huevos de oro —le guiña un ojo y adopta un gesto compungido antes de abrir la puerta.
Aquarella 26/09/06
Revista Digital miNatura 100

Revista Digital miNatura 100. Dossier: Más de 100 motivos para seguir adelante.
Directores: Ricardo Acevedo E. y Carmen R. Signes Urrea
Portada: “s/t” por Carmen R. Signes Urrea (España)
Diseño de portada: Carmen R. Signes Urrea
Logo: José Castillo Arias (Colombia)
Colaboraciones: minaturacu@yahoo.es
De todos los dossier que vengo preparando, éste quizá es el más especial y personal de todos. Mirar hacia atrás deja un gusto dulce gracias a la satisfacción de ver que el proyecto aquel que comenzara con una sola hoja, impresa a ambas caras, se ha convertido en lo que es hoy, una revista que no ha parado de crecer desde el primer día.
Como siempre ocurre cuando se hace una recopilación, quedan algunos buenos cuentos en el camino. Esperamos que nadie se sienta ofendido al no encontrar alguna de sus aportaciones en este especial, pero es muy difícil ser juez de tu propia obra, y más cuando la calidad sobrepasa la media. Así que aquí os dejo con el sumario de la revista que encontraréis para descargar más abajo.
Gracias a ustedes por estos 100 motivos para seguir adelante.
Sumario:
2/ Editorial
4/ Sumario
5/ Cataclismo/ Yailín Pérez Zamora (Cuba)
5/ Eppur si Muove/ Roy Jorge, seud. (Cuba)
6/ El Charco/ Lourdes Rojas Perol (Cuba)
6/ Tortura/ Otamy Lam Rubio (Cuba)
6/ Estás sin rumbo/ Michel E. Fú (Cuba)
6/ Abadú-Lebreck-Budar/ Gerardo Chávez Spinola (Cuba)
7/ Espécimen/ Erick Mota (Cuba)
7/ Vocación/ Erkins Rumayor Fleixas (Cuba)
8/ Maternidad/ Rafael Barrionuevo (Cuba)
8/ .evil/ Abel Oliva Menéndez (Cuba)
9/ Campanadas/ María Josefa Simón (Cuba)
9/ El fin/ Víctor Hugo Pérez Gallo (Cuba)
10/ Relato VI/ Calixto, seud. (Argentina)
10/ Locos/ Nora Noemí García (Cuba)
10/ Instante Fatal/ Carlos Higgie (Uruguay)
11/ Amor a Mariana/ Alberto Menéndez Enríquez (Cuba)
11/ Ahora que es de noche en La Habana/ Lien Carrazana Lau (Cuba)
11/ El Mensajero/ Polina Martínez Shvietsova (Ruso-Cubana)
12/ Mundo subterráneo/ Silvia Estela Mottes (Argentina)
12/ La venganza/ Sandra Becerril Robledo (México)
12/ Rosetto/ Victor Hugo Valledor (Argentina)
13/ El zombie eléctrico/ Sergio Gaut vel Hartman (Argentina)
13/ No es primera vez/ Gina Hasbún (Chile)
14/ El comprador de alfombras/ CR Signes Urrea (España)
15/ El troll bajo el puente/ Erath Juárez (México)
16/ Real Mente/ Tily Burgos (Argentina)
16/ Vómito/ Luís Carbajales (España)
17/ La muerte es dulce/ Almudena López Cano (España)
17/ MKTLOVE/ Juan Guinot (Argentina)
18/ Derrotero/ Adam Gai (Israel)
18/ Advertencia de posible invasión catódica/ Juan de Madre, seud. (España)
19/ Eva/ Elaine Vilar Madruga (Cuba)
20/ El último mar/ Carla Palacios (México)
21/ Un espectro en la Máquina/ Vladimir Hernández (Cuba)
21/ Crisis de identidad/ Daniel Frini (Argentina)
22/ Brujas/ Bruno Henríquez (Cuba)
22/ John Seal/ Annabel Miguelena (Panamá)
23/ Ovejas o Cabritos/ Pablo Martínez Burkett (Argentina)
24/ Dragones/ Ricardo L. García Fumero (EE. UU.)
25/ Comic: Tarot/ Eliete Lorenzo Vila & Istvan Bent (Cuba)
30/ La Biblioteca del Nostromo: Los ojos del mar/ José L. Victoria Lozano
Sobre las ilustraciones:
Pag. 3 s/t/ M.C. Carper (Argentina)
Pág. 5 Dragón de papel/ Duchi Man (Cuba)
Pág. 6 Rubik de la locura/ Carmen Rosa Signes U. (España)
Pág. 7 Eternity_Z/ José Luís García
Pág. 8 Estatua de Juan Clemente Zenea (detalle)/ Carmen Rosa Signes U. (España)
Pág. 9 s/t /Ricardo Acevedo E. (Cuba)
Pág. 10 Guardián de los sueños/ Dino Masiero (Argentina)
Pág. 11 Cortejo/ Carmen Rosa Signes U. (España)
Pág. 12 Diosa/ Jesús Rodríguez (Cuba)
Pág. 13 Vampiros vegetarianos/ Remedios Varo (España, 190- México, 1963)
Pág. 14 s/t / José Castillo Arias (Colombia)
Pág. 15 s/t Carmen Rosa Signes U.(España)
Pág. 16 El Diablo/ Carmen Rosa Signes U. (España)
Pág. 17 Nacimiento/ Ray Respall Rojas (Cuba)
Pág. 18 El Rapsoda/ Remedios Varo (España, 190- México, 1963)
Pág. 19 Cartel Iº Certamen Internacional de Poesía Fantástica miNatura 2009/ Carmen Rosa Signes U. (España)
Pág. 20 Swam Cementery/ M.C.Carper (Argentina)
Pág. 21 Conspiración por los hijos de los demonios/ Miquel A. Rivera Santibáñez (Perú)
Pág. 22 Bruja/ David Díez García (España)
Pág. 23 Mortal Zombie Apocalipsis/ M.C.Carper (Argentina)
Pág. 24 Dragón/ Pedro Belushi (España)
Y para el próximo número:
CIBERPUNK
Fecha máxima para la recepción de colaboraciones 20 de abril.
Os recordamos que el II Certamen de Poesía Fantástica miNatura 2010, se encuentra ya en fase de calificación, y dará a conocer el fallo del jurado el próximo 1 de abril.
Conquistas y reconquistas.* De Suprunaman

El príncipe moro estaba desolado, había perdido una de las zonas estratégicas más importantes. Casi llorando, entró en el castillo de su padre y le explicó lo sucedido.
Le contó que el ruin Conde Bencagat, seguido por sus soldados hicieron un escalo en el muro y allí en el campamento los sodomizaron.
El padre entró en cólera y juró venganza.
Por otra parte, el Conde Bencagat llegaba satisfecho a su castillo, su logro merecía una recompensa. Inspirado por el jugo de la vid, le mandó una paloma mensajera urgente a la condesa que se encontraba en la torre norte haciendo sus labores. Al saber de su presencia corrió escaleras abajo. Ya delante de él puso las tetas sobre la mesa. El conde se las tocó. Ella le dio su plácet para que siguiera más abajo y juntos disfrutaron de la victoria.
Habían pasado tres días de sexo y desenfreno cuando sonaron las trompetas. El Conde, subiéndose los pantalones ascendió hacia la muralla.
— ¿Quién sois vos? Preguntó el Conde.
— Soy el rey moro.
— ¿Y que queréis?
— He venido con algunos de mis parientes en busca de venganza. Abrir la puerta.
— Una merda. [una mierda]
— Si no abris la puerta, entraremos por la fuerza, quemaremos vuestras cosechas y violaremos a vuestras donas. [mujeres]
— Un altra merda. Trompeta, toca lo que sapies [toca lo que sepas]
Caguera de bou cuan plou se reballa, Caguera de bou... [mierda de toro cuando llueve se resbala, mierda de toro... ]
Al final los moros, vencidos y humillados se marcharon de la Península. La reconquista había finalizado.
Suprunaman 25/09/06
*Nota del autor:Este texto es la unión de varios cuentos que mis padres me contaban cuando yo era pequeño.
Palabras para el "contemos cuentos 17"
Ya entrado el otoño de 2006, se seleccionan las siguientes palabras para el Contemos cuentos 17, en La Gran Calabaza:
DESOLADO
ESCALO
INSPIRACIÓN
LOGRO
PARIENTE
PLÁCET
RUIN
Los temas que se encuestaron para seleccionar el que daría forma a nuestras historias la segunda semana de la quincena fueron:
Bélico
Erótico
Ciencia Ficción
Histórico
Romántico
Con cuatro votos cada uno, por vez primera se empató. Decidimos que cada jugador decidiera tomar el que más le inspirara. Por lo que se escribieron historias de CIENCIA FICCIÓN e HISTÓRICAS.
HABÍA UNA VEZ...

Hay un comienzo, un inicio del suceso, una idea que se proyecta sobre tu escritorio sucio (la mesa de la cocina) con virutas de goma de borrar, de tabaco de liar y cenizas.
Te observo, toda la vida igual, mientras enjabono el filtro de la cafetera y las borras de café se meten bajo las uñas ¡Mujercita! me aúllas - dame el olorcito de la inspiración. Ahora de espaldas sigo en la rutinaria labor de la cocina y pongo el artefacto al fuego de gas mientras el agua aún me chorrea por las manos.
Das un golpe contra la mesa y la primera idea se te ha esfumado, toca encender el cigarrillo, pero antes te planto la taza humeante que hueles tan fuerte hasta quedársete humedecidos los orificios nasales ¡Ya sé! vuelves a aullar y con la segunda idea te tragas la primera para hacer un borrón entre los folios manoseados y ahora con una gotita marrón.
Te quito la pequeña porcelana y me bebo el fondo abandonado por la segunda, me siento frente a ti y sigo observándote, levantas tu hocico apretado al no caberle tantas palabras sueltas a la mente y escribes rápido sin poner los ojos en lo que haces, los pones en mí.
Cojo el paño que me cuelga en el lado izquierdo del delantal y te lo paso por la boca, protestas apretando los labios ¡Es magnífico! vociferas entusiasmado. Sé que mi gesto se ha tragado a las dos ideas y ahora es una tercera la que lo engloba, te brillan las pupilas, alucinan.
Me levanto y vuelvo al fregadero, ahora me siento sobre el poyo y juego balanceando los pies que me cuelgan. Te miro atentamente mientras la rapidez del lápiz me impresiona, -será un gran cuento- me digo. La sonrisa se me escapa.
¡Ajá! Lanzas tu pedacito de madera creador de historias sobre la mesa, te levantas de un salto y te diriges hacia mí ¿Ya está? – Te pregunto, pero tú me subes la falda y el delantal, me acaricias los muslos y me contestas: -No, Mujercita, es ahora que vamos a empezar el cuento:
- Había una vez un escritor licántropo en la cocina de un burdel en el bulevar de la 27…
CHAJAIRA 28 de febrero de 2010
Las mujeres que amó

Alejarse del hogar ya fue todo un logro. La soledad forjó su especial forma de sentir, de creer, siempre en oposición a sus pensamientos. No podía seguir así. Debía descubrir, conquistar, convertirse en el ser ambicioso que hubiera querido aquella madre que murió demasiado pronto entre sus brazos. “Hijo mío, algún día conquistarás a una mujer”. Y ¿cuándo será eso?—Le preguntó. “Tú sabrás cuándo”. Su madre, hermosa como pocas, no había tenido tiempo de educarlo, quizás se precipitó. Sabía que de ella había heredado el cabello rubio y la sonrisa, pero no los ojos. ¿De dónde le venía aquella penetrante mirada de azul intenso? Si hubiera conocido a su padre, seguramente éste le habría dicho aquello de que las mujeres son engañosas y falsas, y se lo habría creído.
Le tiraba la piel, tenía frío. El sol estaba levantándose. Agradeció la llegada de tan cálido aliado.
Una noche en vela dando vueltas a su deseo le animó. Apareció a tientas por la esquina de la casa. Desde el quicio de la ventana, el humeante pastel dejaba escapar su aroma en dirección a sus pasos. Lo tomó presto, era su primera conquista.
Vociferando, aquella mujer salió buscando al ladronzuelo. ¿Gruñía? ¿Qué extraño lenguaje era ese? Le recordó a su madre. Los ojos azules eran la señal que estaba buscando.
Lo había tramado minuciosamente. La llevaría a casa, más adelante ya pensarían en mudarse. Aunque él era reacio a abandonarlo todo.
Apenas sintió el tacto frío y escamoso alrededor de su tobillo, se desmayó. La tomó en brazos, ya podía regresar. Sintió alivio al notar el húmedo fango bajo sus pies. Poco a poco se fue adentrando en la ciénaga. Tenía ganas de despertarla, de enseñarle todas sus cosas, de explicarle la razón de su conquista, de su necesidad.
El agua del pantano no llegaba nunca a calentarse, el sol con dificultad apenas si alcanzaba el fondo. El frío húmedo pudo más que la impresión, y despertó.
Miró el tímido pero aparentemente complacido rostro de aquel monstruo rubio, sin comprenderlo, antes de gritar y convulsionarse desesperadamente. Los decepcionados ojos de un azul intenso de la bestia se desdibujaron del reflejo del agua cuando se sumergió con ella entre sus brazos.
En el fondo pantanoso de la ciénaga ahora descansa la bestia junto al los restos de las dos única mujeres que ha amado.
CRSignes 060209
La habitación de los clavos. De Fledermaus

Notaba las sacudidas del corazón en el pecho y en la garganta. Como oleadas de un océano enfurecido. Y la boca seca, y una necesidad de ir al baño que podía devenir en vital. Eran las doce del mediodía. Estaba en la que fue mi casa. En la que fue mi habitación. Algo había arrancado el papel de la pared, en una esquina, abajo, a la izquierda de la ventana. Alguien había estado clavando clavos en esa esquina hasta la extenuación. Clavos. Viejos, oxidados, casi negros. Clavados en la pared, en la esquina. Decenas. Centenares, puede que mil. Estaba lúcido, no soñaba, y oía el murmullo de la calle.
¿Qué ser ofuscado podía haber hecho aquello? Ni rastro de puertas o ventanas forzadas. Sólo la llamada hacía unos días de una vecina. “Se oyen ruidos en su casa”. Ruidos. Esperaba encontrar polvo, moho, hasta musgo. Había esperado encontrar una estantería caída, una mesa rota por el peso de artilugios abandonados encima, y encontré clavos clavados en una esquina de mi habitación.
Y ante los clavos, en el suelo de la que fue mi habitación, una silueta. Humana. No era algo pintado, era rugoso, algo pegajoso que se había quedado seco.
Intentaba evitar extrapolar una hipótesis, porque la idea que acudía a mi mente era que alguien había sido quemado allí.
Fledermaus 22/09/06
La mujer de la casa de madera. De Mon

El profundo olor que se filtraba por la tierra no dejaba lugar a dudas, hoy después de desayunar dos buenas tazas de café me encontraba como nuevo, lúcido y atento, ni el humo de la pipa que se apoyaba en mi poblada barba ofuscaba mis sentidos.
Alguien tomaba notas mientras un océano de periodistas disparaba sus flashes, esas mismas luces que contrastaban el musgo que estaba dispuesto a remover para descubrir qué había allí.
Alguien gritaba desde una ventana, “No, no es ahí, yo lo vi todo”, al instante enderecé mis rodillas y me dispuse a caminar en dirección a aquella casucha destartalada y algo maltratada por el paso del tiempo. Dejé atrás a todo el equipo que me acompañaba, pensando que ellos trabajarían hasta la extenuación cavando en aquel montículo de tierra humeante.
Mientras reavivaba de nuevo el tabaco prensado de mi pipa, podía intuir una cierta sensación de desasosiego, como adelantándome a un acontecimiento horrible que estaba a punto de suceder, aun así debía extrapolar mis sensaciones por la frialdad que siempre me había caracterizado.
Ella estaba allí, sentada en una gran mecedora, invitándome a entrar. En la casa apenas se colaba algo de luz exterior y algunos rayos de tungsteno provocados por los fotógrafos, ciertamente comenzaba a preocuparme la situación.
Abrí la carcomida puerta de madera y me dispuse a entrar, la madera del falso suelo crujía como si en años nadie hubiese pasado por allí. ¿Cuál sería mi devenir?
De repente sentí un fuerte golpe en la nuca, una risa y unos aterradores gritos que venían desde el exterior, los cuerpos mutilados de varias personas estaban apareciendo por todo el jardín, quién me hubiera dicho a mi que iba a ser uno de esos cuerpos amputados , tullido para siempre. Mientras oía cómo la risa se iba haciendo cada vez más débil, resonando por las paredes de un viejo sótano y mezclándose con el sonido de la sangre que brotaba de mis extremidades, pude comprender que iba a ser yo el único testigo vivo que podría desvelar la identidad del asesino, la mujer de la casa, que desapareció para siempre dejándome privado para horror y escarnio de toda la gente que me conocía. Fui el último en caer en la trampa, pero sigo vivo y algún día acabaré con su vida.
Mon 22/09/06
Los ángulos. De Monelle
De tanto mirar al norte, buscándola, el musgo ha crecido ya en mi costado.
C. Sigur (Poemario imposible)

Siempre sucede al girar las esquinas. Puede que penséis que mi estado mental a dejado la lucidez y se encuentra ofuscado por la demencia. Posiblemente nunca os ha sucedido. De ser así, vale doble esta advertencia. Pero... ¿estáis seguros?
Había puesto todo mi empeño en ello. En mi vida solitaria y próxima a la extenuación en la búsqueda de alguien con quién compartirla, había llegado a rechazar que el destino me tuviera reservada una compañera. Pero como siempre la existencia quiere que las cosas no se eternicen y uno pueda tener de todo, encontré el amor una mañana. Teníamos un futuro prometedor. Pero tal como vino, se esfumó.
Cuando se pasea por la calle hay un momento, precisamente aquel en el que doblamos las esquinas, que nos cruzamos con un ángulo muerto. No es fácil percatarse de su existencia, es más, generalmente actúan de forma tan discreta que es imposible. Os diré que no son muertos por ocultar terribles circunstancias, lo son por que contienen muerte. Por su nombre se podría extrapolar que nada bueno esconden. Si una circunstancia nefasta os acosa, puede ser absorbida de inmediato. Diréis... y eso ¿qué tiene de maligno? El problema es que no hace distinción, y en un segundo, podéis ver desaparecer aquello por lo que habéis luchado toda la vida.
De la misma forma que las olas del océano desvanecen nuestros pasos sobre la arena, estos ángulos muertos borran acontecimientos.
En el devenir de nuestra vida, estamos expuestos a tropiezos casuales que, por su relevancia, marcan la senda que seguimos, pero éstos puede cambiar en un segundo.
He intentando averiguar qué los activa, y creo, aún a riesgo de equivocarme, que es el pensamiento.
En ella pensaba, en nuestros proyectos, mientras me dirigía al norte de la ciudad, lugar de nuestra cita, cuando después de virar una calle no volví a hallar rastro de mi amada, ni de nuestra relación. Como si nunca hubiera existido.
¡No estoy loco! No fue fruto de mi imaginación. ¡Ella existe!
¡Escuchadme! Tened cuidado con lo que penséis al doblar las esquinas, no sea, que desaparezca por siempre.
Monelle/CRSignes 22/09/06
Situación inesperada. De Suprunaman

Nuestro cerebro es como un ordenador con capacidad de represión a aquellos pensamientos que no deseamos recordar. Pero en ocasiones, nos devienen un océano de imágenes reales, otras esperpénticas. Es difícil separar la realidad de la ficción. A veces, hasta puedes notar la humedad del musgo bajo los pies aún sin tenerlos sobre él.
No se si lo que voy a relatar lo leí, o si lo vi, tal vez fue un sueño o una realidad; lo cierto es que recordar aquellas imágenes me ofusca y me extenúa.
No deseo explicar aquella estampa con detalle, sólo pensarlo ya me da nauseas. Era un pequeño apartamento del centro de la ciudad, luminoso y agradable. Al mirar el mueble aparador no pude evitar vomitar en el parqué, perdí la lucidez. Intenté extrapolar mi pensamiento, pero la imagen era demasiado fuerte. Encima de este mueble había una mujer, joven, con el cabello largo; alguien le había amputado las piernas, y los brazos, y la lengua. Tenía signos de violencia. Ya todo esto era una barbaridad, pero la historia no terminaba aquí, aquella chica abrió los ojos de repente; no estaba muerta.
Me marché de aquel lugar corriendo y me fui a mi apartamento. Era un pequeño apartamento del centro de la ciudad, luminoso y agradable. Al mirar el mueble aparador me entraron nauseas y no pude evitar devolver en el mismo lugar que alguien había vomitado antes.
Suprunaman 19/09/06
Un extraño problema
Esta es una historia que sucedió en mi casa, pero que pudo haber sucedido en cualquiera y más específicamente en un lugar especial del dormitorio: el closet.
El asunto comenzó una mañana en que estaba preparándome para salir. Ya con el atuendo elegido y bien puesto, me detuve frente al closet para sacar mis zapatos y ahí me llevé una gran sorpresa.
Mi único par de zapatos consiste en un par color negro de piel de ternero que me acomodan perfecto en mis pies. Cuando estiré la mano para alcanzar uno -cualquiera de los dos -sentí un ligero puntapié en la pierna.
Se trataba del zapato derecho que indignado daba muestras de no estar de acuerdo con que me pusiera primero al zapato izquierdo. Lo bajé sin pensarlo mucho extrañado por la situación y entonces fue que el zapato izquierdo arremetió contra mis callos pisoteándome sin piedad para que soltara al zapato derecho.

Y ni uno, ni el otro me dejaban calzarlos y tuve que rendirme después de un buen rato de luchar contra esos dos que al parecer habían enloquecido.
Entonces opté por vestir otro par de calcetines - no sin antes cerciorarme que estos no pelearan también entre sí - y dejé a los hermosos zapatos negros refunfuñando en el closet castigados sin salir y me fui descalzo a mi cita.
Antes de marcharme les recomendé que pensaran en su mal comportamiento y que solucionaran su pequeño problema: ninguno es más importante que el otro, al final, los dos irán siempre al mismo lugar.
Mírame cuando te hablo. De Aquarella

No podía mantener los ojos abiertos por más tiempo, pesaban tanto... Le asustaba cerrarlos, en realidad tenía pánico a quedarse dormido, y esta vez el sueño estaba ganando la batalla. Después de tantas noches sin descansar se encontraba extenuado. Antes de darse por vencido intentó recordar: Todo había empezado hacía poco más de tres semanas con aquella tonta película, una de esas cintas para adolescentes llenas de gritos y sobresaltos, un pésimo argumento que ni siquiera le había gustado... pero desde entonces dormía mal.
Al principio no le dio ninguna importancia, los exámenes, el exceso de café... sólo estaba cansado, como el resto de estudiantes que se jugaban a una sola carta su paso a la universidad, pero el devenir de los acontecimientos parecía querer demostrarle lo contrario. Las pruebas habían terminado ya, había aprobado, y sin embargo seguía teniendo cada noche el mismo sueño
“Está de pie, solo, en el centro de una absoluta oscuridad. Se oye un chasquido, una espesa capa de musgo pegajoso le cubre la boca y no puede hablar. La respiración se vuelve difícil, entrecortada, y entonces escucha una voz que le habla en un lenguaje incompresible... pierde la consciencia, deja de ser él. Cuando se despierta está agotado pero no recuerda nada.”
No dejaría de ser un estúpido sueño si no fuese porque hace tres días amaneció con las manos manchadas de sangre. Hasta ese momento no se le había ocurrido extrapolar las escenas del cine a su pesadilla actual - en nada se parecían - aunque empezaba a tener la extraña sensación de que había alguna conexión entre ambas ¡pero cuál!
Su mente, habitualmente lúcida, acusa el cansancio, no comprende lo que pasa y está ofuscado. Sumergido en un océano de preguntas sin respuesta se le agolpan las hipótesis en busca de una explicación razonable... de pronto se le viene a la cabeza la frase de una escena que ni siquiera recuerda haber visto
— ¡Mírame cuando te hablo!
Se rinde al cansancio, cae en un profundo sopor. Justo en el momento en el que se le cierran los ojos se le escapa una idea
— ¿Hipnotizado?
Aquarella 19/09/06
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