31
Oct

Ficción Erótica Argot.es 2010 Categoría: Poemas

A continuación los títulos y autores en la categoría de Poemas:

GANADOR

“Ludio De Orgásmico Amor” de Carmen Rocío Giménez. ARGENTINA

FINALISTAS

“Bella” de Ing. Carlos Alberto Pérez Rodríguez. VENEZUELA

“Palabra líquida” de Jesús Moracho Sánchez. ESPAÑA

“Los cuerpos hambrientos” de Yamara Justiniano Zayas. E.E.U.U.

“Quimera De Suspiros” de Rafael Alexis Álvarez. PANAMA

“Lo que yo quiero ” de Liliana Mabel Giannini. ARGENTINA

“Para no despertar” de Olga Alicia Defferrari. ARGENTINA

“Dos mujeres entre los músculos de Eros” de Damián Facundo Bojorque. ARGENTINA

“Nubes de los inmoral” de Richard Osés Ursúa. ESPAÑA

Disculpen el retraso en la publicación de ambas listas, en breve el Acta del Jurado.

Ricardo Acevedo Esplugas
Director de la Revista Digital miNatura


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30
Oct

Ficción Erótica Argot.es 2010 Categoría: Cuentos

GANADOR

"Cañón" de Luis Alberto Chávez Fócil. MÉXICO

FINALISTAS

"Psiquiatría Deficiente" de Pablo Martínez Burkett. ARGENTINA

"Hábito" de Daniel Ávila. COLOMBIA

"Las Otras" de Pamela Sabrina Terlizzi Prina. ARGENTINA

"Ahora Si Se Mueve" de Osvaldo Pérez Padilla
CUBA

"Cuatro" de Yolanda Galve Campos. ESPAÑA

"Narración Para Una Suegra" de Yusimí Rodríguez Ricardo. CUBA

S/T de Juan Ignacio Borderas. ARGENTINA

"ABC" de Jose Luis Zárate Herrera. MÉXICO

"Arte ciego" de Luis Alberto Chávez Fócil. MÉXICO

"Desayuno con amantes" de Esther Martín Alemán. ESPAÑA

"Posibilidades de la piel" de Julio César Pérez Méndez. COLOMBIA

"Alquimista" de Santiago Raúl Repetto. ARGENTINA

"Reina" de Cristina Barrios Valdivia. ESPAÑA

Disculpen las molestias.

Ricardo Acevedo Esplugas
Director de la Revista Digital miNatura


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25
Oct

Revista Digital miNatura 105

Un año más mostramos en un especial de la Revista Digital miNatura los trabajos destacados por el jurado en el certamen que desde hace ocho años venimos convocando. Para la realización de este número hemos tenido el honor de contar con las ilustración de un puñado de excelentes artistas (Rafa Castelló, Ray Respall, Yuri Díaz Caballero, Pedro Belushi, Yolianko W. Argüelles Trujillo, Jack Spencer,… ), que hacen de este dossier un gusto mayor añadido al de las lectura que sin duda nos aportan una muestra del camino que sigue la literatura fantástica en todas sus facetas.
En él encontraréis también una buena muestra, dentro de nuestra Biblioteca del Nostromo de recomendaciones de libros y publicaciones imprescindibles; así como toda la información del FANTASTI’CS10 Primeras Jornadas sobre el Género Fantástico, la Ciencia Ficción y el Terror de Castellón, que durante el mes de noviembre ofrecerá en la ciudad de Castellón y algunos otros lugares como San Juan de Moró, en la misma provincia, Buenos Aires en Argentina y La Ciudad de La Habana en Cuba actividades relacionadas con el género.
Os dejamos con la lectura del sumario de la revista y más abajo encontraréis el enlace desde dónde leerla y descargarla, no sin antes agradecer a todos los que han hecho posible este número su colaboración.

Revista Digital miNatura 105. Dossier VIII Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2010

Directores: Ricardo Acevedo E. y Carmen R. Signes Urrea
Portada: “Cartel del VIII Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2010” por Carmen Rosa Signes Urrea (España)
Diseño de portada: Carmen R. Signes Urrea
Logo: José Castillo Arias (Colombia)
Colaboraciones: minaturacu@yahoo.es
Descargarla en: http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/

Sumario:
1/ Portada: Cartel del VIII Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2010/ Carmen Rosa Signes Urrea (España)
2/ Editorial
2/ Acta Del Jurado Del VIII Certamen Internacional De Microcuento Fantástico miNatura 2010
5/ Sumario
6/ Deseo concedido/ Natalia Viana (España)
7/ Añoranza / J. E. Álamo (España)
8/ Árbol Genealógico/ Manuel Espada (España)
9/ Cada día/ Elena del Mar (España)
10/ Ponga En Su Vida Una Mascota Kvin/ Francisco José Segovia Ramos (España)
11/ Reflejos/ Ignacio Cid Hermoso (España)
12/ No vuelvo a salir de excursión/ Brenda Rojas Castillo (México)
13/ El Náufrago/ Víctor Lorenzo Cinca (España)
14/ Tal Para Cual/ Martín Gardella (Argentina)
15/ El Tiempo Circular/ Jordi Masó Rahola (España)
16/ Juegos de calle/ Julia Lleó Pérez-Abadín (España)
17/ Intrusismo Profesional/ Paloma Hidalgo Díez (España)
18/ El Sueño Circular/ Damián Galarza (Argentina)
19/ El Reloj/ Ángeles Mora (España)
20/ México 2 De Noviembre/ Margarita R. Carvajal Pradas (Cuba)
21/ El Otro Laberinto Del Minotauro/ Fátima Beltrán Curto (España)
22/ La Buscadora De Formas/ Pilar Alberdi (España)
23/ Todos Los Santos/ Guillermo Boyra Eizaguirre (España)
24/ Cartelera del FANTASTI´CS10 I Jornadas De Fantasía, Terror Y Ciencia Ficción De Castellón
27/ Bases del Festival Internacional de Cortometrajes Catacumba 2010
29/ La Biblioteca del Nostromo
34/ Sobre los autores e ilustradores
38/ Contraportada: Fantásti´cs10 Jornadas de literatura Fantástica, Terror y Ciencia Ficción/ Guillem López (España)

Sobre las ilustraciones:
Pág. 1 Portada: Cartel del VIII Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2010/ Carmen Rosa Signes Urrea (España)
Pág. 6, 8, 9, 11, 12
13, 16, 17, 19, 22, 23
s/t por Carmen Rosa Signes Urrea (España)
Pág. 7 Añoranza por Rafa Castelló (España)
Pág. 10 Gnomo por Ray Respall (Cuba)
Pág. 14 s/t por Yuri Díaz Caballero (Cuba)
Pág. 15 s/t por El Tiempo Circular Pedro Belushi (España)
Pág. 18 Catedral Sumergida 6 por Yolyanko W. Argüelles Trujillo, Yolyanko (Cuba)
Pág. 20 Día de los Muertos, Oaxaca (México, 2000) por Jack Spencer
Pág. 21 El otro laberinto del minotauro por Pedro Belushi (España)
Pág. 38 Contraportada: Cartel del Fantasti´cs10 por Guillén López (España)

Y para el próximo número: VIAJES EN EL TIEMPO


Pulsa aquí para descargar la Revista Digital miNatura 105 en .pdf


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25
Oct

Jews in Havana - retratos


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23
Oct

De nuevo. De Aquarella

¿Qué es la esperanza? Nada, salvo el colorete en el rostro de la existencia.

Deprimente, sí, pero que razón tenía Lord Byron... y eso que a él no le tocó vivir en la sociedad del desencanto. Me gustaría ver como se apañaría en el papel de Dulcinea del siglo XXI, intentando sobrevivir en esta época en la que ya no quedan Quijotes.

La conversación de Adriana consigo misma, mejor dicho con la imagen del espejo, se desarrolla en el cuarto de baño. Se maquilla para la fiesta de nochevieja que celebra su empresa, una cita ineludible a la que no puede faltar a pesar de las pocas ganas. Más de veinte años trabajando juntos, compartiendo el día a día con la misma gente, pero en realidad sólo son desconocidos de los que no espera gran cosa, desde luego nada fuera del ámbito laboral.

Hoy ha cambiado el habitual traje de chaqueta y pantalón por un vestido largo con escote de vértigo del tipo “quiero pasar desapercibida” lo que ha provocado que su entrada resulte espectacular

¿Habéis visto a la directora comercial? Viene totalmente despechugada — Ante tal comentario todas las miradas se centran en Adriana, las masculinas para admirarla, las de sus compañeras buscando algún defecto para poder criticar.

Ejerce a la perfección la labor de relaciones públicas que exige su cargo y observa los gestos de las personas reunidas allí. Veinte años escuchando los deseos de buena suerte y prosperidad exactamente a la misma hora. Sonríen, alzan las copas y brindan con entusiasmo por el recién llegado, como si fuese a traer bajo el brazo la panacea para resolver todos los problemas. Alguien le besa al grito de ¡Feliz Año! Pero el nacimiento de este nuevo año no le provoca alegría, al contrario, la decepción anidó hace algún tiempo en su alma. La idea de que pasen otros doces meses sin luchar por sus sueños consigue estremecerla.

No, ya no más... se acabó lo de vivir por costumbre, de este año no pasa — se dice a sí misma mientras acepta la invitación de un compañero para bailar.

¿Qué tal Adriana, preparando la lista de buenos propósitos para este año?

¿Y quién ha dicho que tengan que ser buenos? ¡Ay! Si yo te contara lo que estoy pensando... —Ambos se echan a reír mientras sus pies se deslizan por el suelo de mármol.

Aquarella 12/01/07


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19
Oct

Los elementales. Capítulo treinta y tres: Triángulo de confianza. De Monelle

Joan se despidió al llegar prometiendo regresar al día siguiente después del trabajo.

Allí nos veremos Ricard, cualquier novedad me avisas.
Cuenta con ello.

Sobre el mármol de la mesa Anna había colocado algunos platos. Nos dispusimos a cenar.

Tengo mayor confianza con ustedes que con Joan. En fin, amigos, debí ser más sincero, temo haberles decepcionado. Nunca hice referencia a mis sentimientos. No les culpo si dudaron. Parece ser que la vida de la gente como yo ha llegado distorsionada, envuelta en una confusa neblina en la que la sociedad ha querido despechugarnos como manipuladores, cuando simplemente éramos curiosos del entorno, inconformes con la autoridad eclesiástica que obligaba a aceptar las cosas por que sí, adelantados a nuestra época. Ya les hablé de que intenté no llamar la atención y que sólo al final, cuando el destino quiso regalarme los conjuros, me envolví en la ambición más deleznable. Mis deseos de prosperidad eran egoístas. Eso es lo que ahora me está pasando factura. Tengo un hondo pesar que estremece mi conciencia. Desde el primer contacto con los silfos me mantuve soberbio pese al miedo irracional por lo incontrolable. Sí, buscaba y ambicionaba la fama, las riquezas, perpetuarme pero sin sufrir ninguna merma. ¿Acaso piensan que entre las nacientes nubes caprichosas, o atrapado en los reinos subterráneos junto a diminutos seres, encerrado en aquella burbuja inmersa en la acuosa y oscura profundidad, o envuelto entre el calor extremo de los llameantes paisajes infernales, no tuve miedo? Me sentía solo, pero así lo deseaba. Me creía especial y capaz de conseguir el supremo poder. Al aceptarme alimentaron mi ego. Ahora creo que esa era su intención. Conocen demasiado bien al hombre, nuestros defectos y debilidades, entre sus manos son su mejor arma. Si me hubiera dado cuenta, tal vez, sabiéndome poseedor de la llave que tanto anhelaban, hubiera dirigido el proceso. Espero que ahora entre todos podamos hacerlo.
Julien sabemos de su inquietud hacia los elementales, que es la nuestra también. Pero y usted... ¿qué espera nuevamente conseguir de ellos?
Pensé que lo sabían.
Disculpe pero usted nunca nos lo dijo.
No es lo que quiero de ellos es lo que deseo recuperar: mi vida.

Aunque nos pareció lógica su respuesta, una pregunta comenzó a flotar en el aire ¿se puede renunciar a la inmortalidad cuando se conoce el destino que nos aguarda?

Monelle/CRSignes 11/01/07


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15
Oct

Los Elementales. Capítulo Treinta Y Uno: La Decisión. De Monelle

Joan no perdía detalle, Anna se estremecía ante las imágenes que acudían a su mente y yo, expectante, sentía la trascendencia del momento. Al fin conoceríamos la verdad de tanto misterioso conjuro y las intenciones reales de tan fantástica narración.
Julien, de pronto, enmudeció.

¿Le pasa algo? –Anna se acercó a él.
Discúlpenme pero no voy a narrarles este último conjuro.
¿Qué? –El rostro de Joan endureció como el mármol –Me debe eso y más, ¡carcamal¡¡Hable!

En la mirada de Anna la decepción se hacía evidente. Así me hubiera sentido yo de no ser por el recelo sobre Julien que se despertó ante aquella reacción tan incomprensible. La historia de Joan adquiría otra perspectiva. Quedaba en evidencia.

Julien, aclárenos este cambio de intenciones.
Déjame Ricard, no puedes seguir siendo condescendiente. ¿Aún necesitas más pruebas de su engaño? Cuando termine de despechugar a este impostor... –Julien retrocedió.
No tema. Comprenda que esto no es a lo que se comprometió. ¿Qué pretende?
Quiero que lo vean con sus propios ojos.

Días atrás, hubiera estado encantado, pero ahora no comprendía nada. La perspectiva de realizar aquel conjuro sin conocer su magnitud se presentaba llena de incógnitas. No sabíamos nada del mismo. Bueno sí, conocíamos que le concedieron el privilegio de poder elegir su futuro y la prosperidad de todos nosotros, eso nos había dicho, pero ¿qué había de cierto? ¿Qué era lo que los elementales habían conseguido con ello? Podían ser los responsables de todos los males padecidos por la sociedad desde ese mismo instante. Las desgracias naturales, a saber: terremotos, incendios, tormentas, temperaturas extremas... comenzaron a adquirir importancia en mis cavilaciones. Si algo en común habían tenido todos los encuentros, era el resentimiento que hacia el hombre había nacido en cada uno de sus razas. Todas nos veían como los responsables del aislamiento y su consiguiente pérdida de poder. ¿Habría sido Julien un pelele entre sus manos? ¿Quién aseguraba la nobleza de sus intenciones, relegados como estaban al mundo de las sombras? Juntos parecían ser invencibles. Pese a todo, la ilusión, la magia, ese sentimiento puro que crece cuando estamos aún carentes de maledicencia en la infancia, cuando la ingenuidad nos hace sabios faltos de maldad, precisamente cuando creemos en ellos, me hacía recular.

Creo en usted. —Afirmé.

Monelle/CRSignes 070107


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11
Oct

Un Amor De Doble Dirección. De Belfas

Hacia ya tres meses que Firulín había partido de su jaula. Si bien durante su periplo por un mundo desconocido disfrutó de diferentes aventuras, un aire nostálgico anidó entre sus amarillas plumas con la llegada de la primavera, añorando la sociedad de su amiga Mariví.
Una tarde, después de que un gavilán estuviese a punto de dar buena cuenta de él, cargó su mochila bohemia y emprendió el rumbo hacia sus orígenes.
Tardó tres largas jornadas hasta llegar a la proximidad de su antiguo hogar. Cuanto más se acercaba, más se aceleraba su corazón y una sensación extraña de resentimiento le hacía estremecer.
La duda le asaltaba pensando que Mariví ya le habría remplazado por otro canario, y que este gozaba de los mimos y halagos de su amada. Ese pensamiento le puso pálido como el mármol y comenzó a reinar la decepción en los aledaños de su ánimo.
Decidió que era mejor verla por la mañana, esa noche durmió en el viejo roble que se encontraba frente a la casa de Mariví.
Posado en el árbol rebobinaba todos los momentos vividos en aquel cobijo junto a Mariví, los susurros matinales, sus caricias con el dedo índice mientras se desperezaba, la delicadeza y el derroche de cariño provocaban que entonase su canto con ímpetu y agrado.
Mariví se asomó a la ventana saludando al nuevo día, su ligero camisón de seda ondeaba al aire y su despechugado cuerpo se endurecía con la brisa del alba, en sus ojos denotaban un aire de profunda tristeza. Ella ojeaba el cielo buscando con su mirada a su amado canario.
Firulín elevó su vuelo por encima del viejo roble y se lanzó en picado buscando el hombro de Mariví donde se posó, una enorme sonrisa brotó del rostro de su antigua compañera y alzando su mano sobre la cabeza de Firulín, acarició con ternura sus plumas dando muestra de su alegría. Él tomó aire, insufló su pecho y comenzó un trino cálido y prolongado que descubrió las delicias de su amiga. Un halo de prosperidad inundó los corazones de ambos.
El hechizo que vino con la Navidad de poder entenderse todavía perduraba y así pasaron horas y horas charlando animadamente. De la tertulia surgió el nacimiento de un trato mutuo, la jaula de Firulín permanecería siempre abierta para poder campar a sus anchas, y él cantaría todas las mañanas para saludar el nuevo día junto a Mariví.

Belfas 06/01/07


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10
Oct

El Campo de Magnolias. De Joan Castillo

El vigilante. Brassaï (pseudonym of Gyula Halász) (9 September 1899–8 July 1984)

El chofer del bus se disculpó con su único pasajero, Pedro, por dejarlo un kilómetro antes de la entrada del pueblo “hasta aquí llego” —le dijo, “no entro a ese caserío ni por todo el oro del mundo.” —reiteró, trazándole la ruta para llegar a la taberna del Gago, dónde podía conseguir las instrucciones que le llevaran a su destino. Empezó a caminar por una senda tan pedregosa que en algunas ocasiones debió hacerlo con manos y pies para no caer. Al subir la última loma alcanzó a ver que una bruma gris oscura arropaba por completo las que parecían chozas arruinadas. En la medida que avanzaba reparó en que la gente se veía borrosa, inescrutable.
Hombres y mujeres vagaban semi desnudos mostrando sus partes íntimas. Los machos llevaban los cabellos, bigotes y barbas ensortijadamente sucios. Las mujeres aparentaban no sentir pudor alguno al mostrar sus nalgas y pubis repletos de pelos. Sus miradas como su andar, parecían vagar hacia la nada, se movían como simios borrachos, sin rumbo. Y sin embargo parecían alegres, reían hasta más no poder con sus bocas desdentadas. Sobre sus cuellos colgaban crucifijos de cuentas moradas.
Sin duda, se encontraba dentro de un pueblo espectral poblado de miserables que parecían fantasmas o viceversa. Siguió la ruta que le había trazado el chofer para llegar a la taberna, y llegó. Era la última construcción del pueblo y la única que no lucía arruinada. Frente a ella, un camino ribeteado de tulipanes que sin duda le conduciría al campo de magnolias.
Entró al garito y observó que todas las mesas estaban ocupadas por los hombres y mujeres andrajosos, que hablaban, cantaban y reían en voz alta. Sólo advirtió una mesa ocupada por un hombre distinto, de ojos vivaces, vestido a pantalón y camisa verdes divididos por una finísima correa amarilla. Caminó hasta el bar y pidió un café y una botellita de agua. El hombre del bar le atendió en seguida, y al darse cuenta que era un forastero le preguntó.
—¿Ha ha hacia dónde se se, se dirige el ca ca caballero?
—Al campo de Magnolia, —contestó Pedro entusiasmado.
El hombre lo miró con asombro y no volvió a abrir la boca a pesar de que Pedro le hizo unas dos o tres preguntas.
—No te contestará, —le gritó el cliente vestido de verde.
—¿Puedo sentarme con usted? —Aprovechó Pedro, un poco tímido. —El hombre asintió.
—¿Porque no me contesta el gago? —Preguntó.
—Por qué él prefiere esperar a que regrese, ya que todos los que entran por ese hermoso camino regresan, algunos enajenados como los que ves aquí, y los demás, difuntos en penas, como los que vienen a consumir de noche. Adivino que tú vienes en busca de una mujer.
—¿Como lo sabes?
—Porque a eso vienen todos.
—¿Y tú, que haces aquí? ¿Vienes también en busca de una mujer?
—No, —se defendió rápidamente el hombre. —Soy como un consejero, un mal consejero para ser exacto ya que mi trabajo es persuadir al caminante para que no penetre ese sendero, y nadie me hizo caso nunca. Más bien, aprovecho los visitantes como tú para poder mejorar el funcionamiento de mi vejiga. ¿Puedo pedir una cerveza?
—Todas las que se te antojen, —contestó Pedro —siempre que escuche con atención lo que quiero decirte.
El hombre pidió la cerveza y empezó a beber con avidez; Pedro se dispuso a contar lo que quería contar, pero el hombre le paró en seco.
—No tienes porque hacerlo —le dijo con amabilidad. Yo conozco tu historia, es la de todos, señor.
—Me llamo Pedro, y si conoces mi historia ¿porque no me la cuentas tú? —preguntó de manera burlona.
—Siempre que no falten las cervezas, lo haré. —respondió el hombre, y empezó. —Una noche bastante fría, tú regresabas al hogar caminando desde tu trabajo; al pasar por un parque viste a una jovencita descalza, sentada en unos escalones al lado de la estatua de una niña orinando; llevaba una raída blusa color beige, una bufanda color marrón desteñido y sus cabellos recogidos dentro de una boina gastada del mismo color, pero lo que más te llamó la atención en ese momento era su desabrigo ante esa noche tan fría. Sentiste pena por ella y le pediste llevarla hasta tu casa a lo que ella, luego de muchos ruegos, asintió. Camino a casa tú le preguntaste como se llamaba y te contestó que aún no tenia nombre, preguntaste por igual que dónde vivía y ella te contestó, señalando al Este, que vivía en el campo de las magnolias amarillas, donde la Luna brilla como un cristal encendido y todos los pájaros son de cartón azulados. Luego le inquiriste si tenía frío, hambre o sed, y a todo ello te contestó que si, por esa razón te quitaste el sobretodo y la cubriste. Tu abrigo se impregnó de un olor como el de las azucenas que es el olor de ella. Por último le preguntaste que porque andaba descalza y ella te contestó, que era la única forma de estar en contacto con su madre, la tierra. ¿Cierto?
Pedro no contestó, se encontraba ensimismado. El hombre siguió.
—Al llegar a la puerta de tu hogar ella se adelantó, se paró en frente del porche y te miró a los ojos —tú jamás había visto a una mujer con los ojos amarillos y te preguntó si tú estabas seguro que ella no te molestaba, y tú le contestaste que no, que no estaba molesto en lo absoluto, y en ese momento te avergonzaste porque percibiste un ligero temblor en tu cuerpo cuando viste parte de sus senos blancos bronceados a través de uno de los agujeros de su blusa raída, y no quitaste la vista de su pecho como queriendo apretujarlo en contra tuya para sentir su calor, su tiesura. ¿No es así?
—Sigue, sigue, —contestó Pedro con el rostro encogido por la sorpresa.
—Pídeme la otra cerveza —dijo el hombre. Y Pedro pidió dos cervezas porque él también empezó a beber cerveza. El hombre siguió la narración.
—Cuando entraron a tu casa, ella se dirigió a la chimenea y colocó su boina sobre la alfombra, al lado de la chimenea, donde se sentó, mientras tú te dirigiste a la cocina a preparar la cena. Dispusiste la mesa sobre la alfombra y cenaron a la luz y calor de la chimenea. Para esta ocasión ya tú tenías un deseo casi irreprimible de abrazarla porque cada vez que ella bajaba a prender algún bocadillo tú mirabas por encima de su blusa para vislumbrar sus pezones.
En ese momento a Pedro se le ruborizó el rostro.
—No te me pongas así, mi querido, —a todos les ha pasado, además debes esperar que concluya —tranquilizó el hombre, y continuó. Terminado de cenar, ella te dijo que necesitaba bañarse. Tú accediste y ella entró al cuarto de baño. Tú te encontrabas tan voluptuoso que al escuchar el agua cayendo sobre el piso de la ducha quisiste fisgonear, y al llegar a la puerta del baño la abriste sin querer, ella estaba frente a frente a ti completamente desnuda ya que no había corrido la puerta de la cortina. Se enjabonaba los cabellos con ambas manos. Tú te extasiaste observando los pelos que se deslizaban húmedos debajo de sus axilas, hiciste una mirada relampagueante por todo su cuerpo antes de que ella se tapara. Pero ella no se tapó, por el contrario, te dijo que le gustaba como tú la mirabas, y te invitó a enjabonarla. Tembloroso, accediste.
En ese momento Pedro interrumpió
—¿Pero cómo puedes saber todo eso con lujo de detalles?
—Esos hombres a tu alrededor y los que viste en tu trayecto hasta aquí me lo han contado decenas de veces. —contestó el hombre, y continuó. Tú, palpitante de deseo sensual, pasaste la esponja por su espalda pero no terminaste. Esa piel tan tersa y olorosa te enardeció. Lanzaste la esponja y empezaste a desabotonar tu pantalón mientras penetrabas tus dedos a través de su selva negra. Ella no lo evitó pero si te preguntó sobre lo que tú querías hacer con ella, y tú le contestaste acalorado que la quería follar, y ella te dijo que no, que prefería que tú le hicieras el amor, pero tú estabas demasiado encendido para hablar de follar o de amar, y bajaste por completo el pantalón, y los calzoncillos, y...
Pedro le cortó.
—Has cometido un error —dijo. —Cuando ella me pidió que quería hacer el amor, la comprendí, entendí que ella no sólo quería un simple deleite entre sus pudores y los míos, sino que necesitaba más que penetración y besos pasajeros, cariño, amistad, ternura que fue lo que a partir de ese momento traté de entregarle.
—Bueno, —dijo el hombre, la cuestión no está en follar o hacer el amor sino que te quedaste prendado de ella, al final de una larga jornada de sexo ella se durmió sobre tu brazo derecho con parte de su melena encima de tu pecho; cuando despertaste no estaba y jamás la volviste a ver. Solo te quedaste con el olor de la azucena que permanecerá por siempre en tu sobretodo, por eso has venido, a buscarla.
—Hice el amor con ella sobre la alfombra, —se defendió Pedro, —durmió tal y como dices, al despertar, no estaba. Hasta ahí estás en lo cierto, pero salí a la calle abotonándome la camisa y corrí como un desesperado hasta el parque donde me esperaba, porque me lo dijo “Te esperaba para decirte que volveré esta noche si es de tu gusto”. y le dije que si, y me repitió “Pues espérame.” Y regresó esa noche y todas las noches de todos los días durante semanas y meses, hasta que una mañana me dijo que al otro día no la esperara, que no volvería, que su campo de magnolia le llamaba porque hacia tiempo que no se acunaba bajo el fulgor de la luna encendida, ni caían sobre sus hombros los pajarillos de cartón azulado. Le hacían falta, me dijo, como estaba segura que le haría falta yo. Y no regresó ni al otro día, ni al día siguiente, ni a la semana, y por eso visité todas las jardinerías que encontré en la guía telefónica, para indagar cada pueblo del Este donde hubieran campos de magnolias, y los visité todos, éste es el último.
—Al parecer no te comportaste con ella como hicieron los otros, si es como dices, —indicó el hombre de verde, sorbiendo un largo trago de cerveza. —de todas maneras, yo que tú, no entro, y si lo haces mi deseo es que la encuentres. —finalizó.
Y entró. No bien había recorrido unos cuantos metros cuando sus ojos se extasiaron ante una extensa y ensortijada llanura sembrada de magnolias de variadas especies. Corrió por el campo como un chiquillo, buscaba palpitante de alegría alguna pista que la llevara a ella pero no encontró mas que magnolias de flores blancas brillantes en todo su derredor. Cansado, se recostó sobre la hierba y decidió esperar la noche. En ese momento sintió que algo se posó sobre su hombro izquierdo, lo agarró, era un pajarillo como de cartón azul cielo, le acarició, lo puso en la palma de sus manos y salió volando haciendo zig zag en el aire como un gesto de alegría, fue cuando la temperatura de color del campo varió a un tono desusadamente luminoso, miró hacia arriba y pudo ver la luna como si estuviera hirviendo entre un color blanco sonrosado. Sin embargo, percibió un olor nauseabundo, como el hedor a animales podridos que brotan de algunos árboles y flores. En ese momento observó a algunos hombres y mujeres recogiendo semillas de color morado que ensartaban con esmero en finas lianas del mismo árbol. Entendió que ese no era su lugar en aquel vergel por lo que continuó caminando hacia el Este, hacia donde voló el pajarillo, hasta encontrar un río. Descubrió en lontananza cientos de pajarillos azules alborotando sobre una mata de magnolias y allá se dirigió chapaleando las suaves corrientes debajo de sus pies. Observó fascinado las flores amarillas y debajo un pequeño huerto de azucenas en flor. Intuía su presencia inmanente a esta parte del bosque, y de nuevo un pajarillo se posó sobre su hombro, esta vez no lo tocó porque al parecer el avecilla no quería que le tocara. Miró alerta hacia todos los ángulos del horizonte y no la vio. Se envolvió en el árbol como si estuviera abrazado a ella. Allí permaneció toda la noche, deslumbrado en la extraña luz de la luna. En la mañana, el pajarillo seguía sobre su hombro izquierdo, al parecer no quería abandonarlo. Cortó un par de tallos de las azucenas y un ramillete de magnolias amarillas y sin poder eludir la tristeza, regresó. El hombre de verde, junto al gago, lo esperaban, y entraron a la tasca a terminar las cervezas.
—¿La la la encontraste?, —preguntó el gago casi al unísono con el hombre de verde, sorprendidos ambos por el extraño pajarillo.
—Si, —contestó Pedro.
—¿Te te te laaastimó?
—Si, me lastimó, Gago, —jamás podré vivir sin ella.
Agradeció a ambos sus atenciones y regresó a su hogar. Colocó el pajarillo azul encima de su cama; plantó los tallos de azucenas en una maceta y acomodó el ramo de magnolias dentro de un florero en su mesita de noche. Un deseo poderoso, como una fuerza irresistible lo llevó a mirar por la ventana. El parque lucía desierto, pero borrosamente se vislumbraba alguien sentado en los escalones al lado de la estatua de la niña orinando. La tenue bombilla encima de la estatuilla mostraba que la figura llevaba una boina, al parecer, roja. Se frotó los ojos para ver mejor y pudo figurar que llevaba los pies descalzos.

Joan Castillo
©Derechos reservados.

SEGUIREMOS SIEMPRE PENSANDO EN TI, AMIGO JOAN. TE AÑORO


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5
Oct

Ansel Adams

Os quiero presentar esta sección (que ya comencé a principios del 2007 en La Gran Calabaza) donde poco a poco iré colocando biografías y algunos de los trabajos de los mejores fotógrafos de la historia. La historia en fotografía siempre es algo que no llenaba las aulas aunque llega el momento que es de agradecer que haya información para echar la vista atrás y ver qué "monstruos" hicieron del s.XX una enciclopedia visual. Espero que os guste.

Ansel Adams, fotógrafo paisajístico

Ansel Adams nace en 1902 en San Francisco (Estados Unidos), adoptó como tema fotográfico los paisajes del suroeste de su país.

En 1916 realizó un viaje a Yosemite, California, donde captó en blanco y negro la majestuosidad de la naturaleza de Estados Unidos. Sus fotografías reflejan un enorme contraste de sombras y luces, desiertos áridos, nubes gigantescas y monstruosos árboles.

Yosemite National Park 1948
En 1932 Ansel Adams, junto con Imogen Cunningham y Edward Weston, crearon el f/64, todos ellos eran un grupo de fotógrafos que defendían el detalle y la estética naturalista, este estilo había sido impulsado en un principio por Paul Strand, donde tiene sus raíces en artistas del siglo XIX como Timothy O'Sullivan.

En 1939 Adams expone por primera vez en San Francisco. Crea el primer departamento de fotografía en la escuela de Bellas Artes Decorativas de California y publica la colección Libros esenciales sobre fotografía acerca de técnicas fotográficas.

En 1949 se encarga de poner a prueba los primeros prototipos de Polaroid, trabajo que desarrolló con entusiasmo para descubrir las nuevas posibilidades que ofrecía el sistema.

Entre sus obras destacan Taos Pueblo (1930), Sierra Nevada (1948), This Is the American Earth (1960) y Yosemite and the Range of Light (1979).

La fotografía es un medio analítico y la pintura es un medio sintético.
(Ansel Adams)



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