17
Ago

En busca de Coral Cristal

Parte II
El Curandero

Tía kika advirtió a Lola que no se separara de ella. Al entrar a la grieta, se vieron rodeadas de una inmensa oscuridad.
La hendidura tendía a ser tan estrecha, que a duras penas el par de ballenas nadaban a través de ella.

Después de varios minutos, salieron a un espacio enorme. Una bóveda gigantesca formada por una pared de cristales diminutos. Entre estos cristales, crecían una infinita variedad de especies dando lugar a la creación del coral más hermoso que hayan visto jamás.

Cientos de algas de diferentes tamaños y colores formaban una espesa cortina imposible de traspasar, pero Tía Kika estaba decidida a encontrar al curandero. Empezó a rondar entre las plantas marinas buscando un camino que las llevara hasta su objetivo, cuando un par de pececillos orientales salieron a su paso.

Lola se escondió tras su tía, y kika a la defensiva trató de explicar porque estaban ahí.

Los pececillos, hicieron señas de que los siguieran, que el maestro las esperaba. Las dos ballenas se miraron como un par de cómplices, y fueron tras los peces.

Nadaron entre un verde-azul que las cegaba, hasta un claro despejado donde se erguía desde el suelo, una gruesa columna de piedra amarilla. Detrás del altar, un ser encapuchado le hacía un gesto con su mano. No podían ver que era, que aspecto tenía, solo alcanzaban a distinguir entre la capucha, un par de ojos.

Tía Kika quiso decir porque estaban ahí, pero el curandero habló:
- Se que han venido hasta Cristal Coral en busca de algún bocadillo o algún brebaje que les proporcione sabiduría o poder, pero aquí no encontrarán nada de eso, su viaje ha sido inútil. ¡Váyanse ahora!

Tía Kika hizo caso omiso a las palabras del curandero y dejó que Lola se acercara a él, al tiempo que preguntaba:

- Curandero, yo solo quiero saber si mi sobrina está enferma, si el color rosa de su cuerpo es normal. Si ella puede morir a causa de ello. Haré lo que me pida…

El curandero miró con curiosidad a Lola. Le pidió que se acercara más, hasta un cristal que pendía del techo de la gran caverna. Lola se acercó, y el cristal empezó a girar al tiempo que lanzaba destellos de todos los colores. Lola empezó a flotar sumida en un ensueño.

Entonces, él habló de nuevo:
- ¡Ella es! No cabe duda, mis visiones eran verdad. ¡Ella existe!

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15
Jun

En busca de Coral Cristal

Parte I

El crepúsculo dejaba tenues rayos arrebol sobre la superficie del mar. Lola revoloteaba en el agua tratando de calmar la inquietud que sentía en ese momento. Su tía Kika, disfrutaba de la tibieza del astro rey, mientras aspiraba profundamente el aroma infinito del azul y sal.

Lola no paraba de moverse, hasta que sintió en un costado el coletazo de su tía. Lola soltó un gemido que se terminó diluyendo entre los suspiros de Kika cuando vio desaparecer por completo la luz rojiza del sol, que ya empezaba su cambalache con la blanca luz de la luna.

- ¿Ahora si, tía?- Preguntó Lola.

- Si Lola, ahora si.- Contestó Kika, sumergiéndose de inmediato hacia las profundidades marinas, seguida por Lola que nadaba junto a ella.

Kika era una hermosa ballena gris-plata, y se hacía cargo de cuidar a Lola, su sobrina, una pequeña y linda ballenita rosada que vivía con su tía desde que sus padres murieran en una horripilante caza de ballenas, donde solo sobrevivió ella.

Las dos emprendieron un viaje un tanto misterioso, y hasta peligroso. Se dirigían a la tierra de Coral Cristal. Un lugar ubicado en la última grieta del suelo del océano. Ahí vive el viejo curandero, sabio de sabios, genio de todas las magias, conocedor de todos los poderes.

Se conocían cientos de historias sobre él, pero nadie sabía si eran verdad. Se decía que él posee el don de la sanación, y es por eso que Kika y Lola se decidieron a ir en su busca.

Al parecer, el color rosado de Lola no era normal, y Kika creyendo que se podría tratar de un mal fatal, decidió correr todos los riesgos necesarios para salvar a Lola de fenecer sin haber vivido lo suficiente.

Pasaron algunas horas nadando, siguiendo cuidadosamente, a un grupo de noctilucas que servían como guías hacia Coral Cristal. Cada vez las aguas se tornaban más frías y oscuras. Tuvieron que ofrecer soborno a una banda de anguilas delincuentes que dominaban algunas zonas cercanas a la gran grieta.


De pronto, cuando solo se podía ver gracias a la fosforescencia de sus guías, ahí estaban, justo frente a la gran hendidura en el fondo del mar. Ahora, tendrían que seguir solo ellas dos.

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30
Abr

En el desván

En la parte más alta de la casa, en un cuartucho diminuto donde apenas llegan unos cuantos rayos de sol por las desvencijadas rendijas de una ventana, dejaron olvidado a Simón.

Simón fue el mejor amigo de Patty, la pequeña pelirroja de cara pecosa que lo cuido por poco mas de diez años.

Pero Patty creció. Ahora no tiene tiempo para Simón. Ella se pinta las uñas, habla todo el día por teléfono, hojea revistas con sus amigas, y duerme abrazada a un nuevo y esponjado oso que llama Tito en honor del joven que se lo regaló.

Simón lleva tres días acurrucado en un rincón del desván. Le asusta la oscuridad. Se cubre la cara con sus manitas de trapo para no ver las sombras que danzan a su alrededor. Se le han hinchado los ojitos de tanto llorar y las mejillas se le han puesto blandas por tanto mojarse con las lágrimas.

La cuarta noche sintió que alguien lo observaba desde la penumbra.
- ¿Quien está ahí? – preguntó Simón con voz temblorosa.

- ¡Un cachivache! -Contestó una voz.

- ¡Acá otro cachivache! -Dijo una voz mas entre risitas de complicidad.

Simón extrañado se acercó al lugar de donde venían las voces. Para su sorpresa se encontró una muñeca rota del torso y una zapatilla de ballet bastante desgastada que le saludaban sonrientes.

Eran cachivaches, esperpentos abandonados. Ya no servían, eran inútiles. Allende de que los niños habían dejado de ser niños y nos les importaban mas. Como muestra de compasión, los arrumbaban en el desván por no tener corazón para tirarlos a la basura.

Desde aquel día Simón dejó de sentirse solo y triste. A sus nuevas amigas la muñeca rota y la zapatilla rosada, se les unieron una lámpara descompuesta, una escoba maltratada, una pelota desinflada y un patín sin ruedas. Todos eran cachivaches. Todos tenían algo en común, eran viejos y no servían. Pero para ellos la vida empezaba apenas en el desván. Sin clausuras empezaban a ser ellos mismos, sin reservas, sin miedos. Durante el día permanecían quietos y en silencio, pero las noches las convertían en tramas llenas de música y poesía. Eran artistas de su propia vida. Las arañas tejían grandes telones de seda y las luciérnagas alumbraban el escenario con sus panzas. Los grillos tocaban sus violines y la luna sonreía contenta mirando por la ventana.

Todo es verdad… ¿has visto cachivaches en tu desván?

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26
Abr

Hoy juguemos a:

Los Encantados


Ya casi dan las siete de la tarde. Mis hermanos y yo tratamos de terminar la inmensa torta de frijoles con queso que nos sirvió nuestra Nana. Está apurada de que terminemos de cenar porque dice que hoy cumple aniversario la telenovela Rina, y no se quiere ir a verla sin levantar los platos.

Por fin, después de apurar la comida con la leche, salimos con las panzas infladas al porche de la casa. En un rato más se acercaran los otros vecinos para comenzar a jugar.

Cuando nos sentimos más livianos, salimos corriendo rumbo al poste de luz que está a media cuadra. Mamá nos grita desde la sala que regresemos temprano, antes de las nueve. Seguimos apresurados al encuentro de los amigos y asentimos con la cabeza las palabras de mamá como si nos estuviera viendo.

Ya en el punto de reunión de cada noche, alguien sugiere que juguemos a los “encantados”. Todos de acuerdo, esperamos unos minutos para ver quien llega tarde. El último en unirse al grupo, será el primer castigado y la hará de “encantador” hasta que otro lo suceda.

Entre la bruma aparece Memela, la chica pecosa de la casa de enfrente. Llega agitada y con cara de angustia diciendo que por poco y no la dejan salir. Resultó que no había terminado la tarea.

Estamos todos listos para empezar. Nos colocamos alrededor de Memela mientras ella cuenta hasta treinta. Ya cerca del final del conteo, todos salimos corriendo disparados a diferentes lugares. Ella tendrá que acaparar a alguno de nosotros y tocarlo gritando “encantado”. El susodicho no se podrá mover, al menos que llegue un compañero y lo toque de nuevo gritando “desencantado”.

Si Memela acumula a tres encantados, entonces ella se libra del castigo y ahora le tocará turno al primero que encantó.

Bueno, es algo raro concatenar quien empezó y todo eso a medio juego y después de corretear por más de una hora, pero siempre nos divertimos mucho.

Lo que más fastidia, es que la señora de la esquina, la mamá de Saúl, siempre le está gritando para que regrese a casa. La doñita es medio puritana y dice que andar en la calle a estas horas es de vagos. Cual vagos? Si solo somos niños jugando. Seguro la pobre mujer vive en otra dimensión.

-Encantada!-

Oh, por estar aquí platicando, ya me encantaron. Bueno, mientras espero que alguien llegue a salvarme, pensaré que juego haremos mañana.

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24
Mar

La Estrella

Es una estrella rosada. Esta pegada en la pared y por las noches,
brilla fosforescente en la oscuridad.
No ha visto a ninguna otra como ella.
A veces se siente sola. Pero todo sus penas se olvidan, cuando
su tenue luz ilumina los sueños del pequeño que duerme en la camita
muy cerquita de su presencia.
No es estrella del cielo; ni tampoco estrella de mar, es solo una estrella rosada que adorna la habitación y brilla sin parar.

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