29
Jul

Fiebre del sábado noche. (Asmodeo demonio de la lujuria)

La cabeza le daba vueltas, tenía un aspecto horrible. Así no podía salir. Su amiga la esperaba en el portal.

—Lely no tiene paciencia. —Dijo Tamy
— ¡Que espere! ¿No puedo salir así? Y ¿ese olor?
—Yo no huelo nada. Te presto mi maquillaje… y mi perfume. Mientras te pintas, voy a hablar con Lely, buscar afinidades. Podría ir con vosotras.
—Como quieras hermanita, dudo que te guste, eres una mosquita muerta. No veas cómo liga. En la “disco” a la que iremos, anuncia para hoy un maratón de “Fiebre del sábado noche”.

Con su recién estrenado pantalón de campana, Tamy bajó con Lely. Mientras tanto, Sandra intentaba disimular las ojeras, había quedado de nuevo con Raúl, un atractivo chico del que Lely le dijo: “No pierdas el tiempo Sandra. Le va mucho eso… ya me entiendes. No le van los juegos y mira qué bien baila. Si te encantas un poco, te lo quitarán. ¿Pero tú has visto ese culo?”.

Ya en la calle, las tres se encaminaron hacia la disco. Tamy estaba emocionada, Lely no tuvo que ser muy tenaz para convencerla de que las acompañara.

—Ánimo que esta noche el local estará lleno de chicos dispuestos a todo.
—Mira que eres… Los chicos siempre están dispuestos a todo —Comentó Tami. — ¿Se puede saber dónde vamos?
—Te va a encantar, han abierto una nueva “disco”.
—Está un poco alejada del centro ¿no? —Dijo Tamy con inquietud.
—Bueno sí, pero no te preocupes, conozco al propietario. Además todos los que van están muy bien.

El letrero era visible desde un par de manzanas del local. No había casi nadie por las calles, y aunque era temprano, apenas las siete y media de la tarde, la noche había hecho acto de presencia.

— ¡Asmodeo Disco bar! ¡Qué nombre tan raro! ¿Seguro que no es otra cosa?
— ¿Cómo puedes pensar eso? Mira bien… ¿Qué ves?
—Chicas y chicos de nuestra edad.
—Pues eso. Venga alma de cántaro, que ya la música ha comenzado. ¿Me encantan los Bee Gees? ¿Y a ti Sandra?

—¡Adelante! Las chicas guapas no pagan. —dijo el portero.

Lely demoró un momento su entrada. Cuando lo hizo, las arrastró hasta el baño, esgrimiendo unos cuantos vales.

—Chicas, ¡tenemos consumiciones gratis!
—Oye mira, no contéis conmigo para beber, yo…
—Venga hermanita, verás cómo te gusta. —Dijo Sandra.

Salieron de los aseos y de inmediato fueron rodeadas por un grupo de chicos que las llevó hasta la pista.
Una hora más tarde, Sandra se daba el lote con el tal Raúl, que no tenía ningún reparo en meterle mano. Lely, estaba desaparecida, aunque su presencia se hacía notar o eso creía Tamy, que constantemente le parecía oírla. Acompañada de un par de chicos, se dejó hacer. Estaba como ida. El hipnótico efecto de la esfera de espejo del centro de la pista, acentuó su estado. No le gustaban esas cosas, pero estaba motivada por su voz interior. La llevaron hasta un sofá. Una vez allí, y con los sentidos distorsionados, se entregó en una orgía de besos y caricias. Al rato se sintió indispuesta, tuvo que levantarse para ir al baño.
Fue entonces que encontró a su hermana.

— ¿Te has visto? —Le dijo Sandra. —Deberías tener un poco de cuidado. ¡Abróchate la blusa!

No era consciente de lo que le decía, sólo le apremiaba llegar al aseo y vomitar.

— ¿Te puedes creer que ayer estaba yo así? Mejor dicho, ha sido entrar aquí y ha desaparecido el malestar. Me alegro de que no seas una mojigata.
— ¡Estabais aquí! —Lely apareció. —No perdáis el tiempo. El amo está impaciente. Tomad esto —les ofreció unas pastillas. —Mañana… —como endemoniada no podía parar de reír. —…no recordaréis nada salvo un lujurioso deseo que os incite a pecar todos los días.

El domingo, amanecieron medio desnudas en el portal de casa. Las despertó una vecina.

— ¡Esta juventud! Entrad en casa para dormir la mona.

………………………….

—Que sencillo hubiera sido haber dicho que no. —Comentó Tamy —Quedarse en casa, no dejarse tentar. Quizás ahora no estaríamos en las Ramblas.
—Así es hermanita, así es… ¿Qué habrá sido de Lely?
—Fue todo tan extraño… Aquella disco… ya nunca la encontramos. Aunque aún me parece oír su voz retumbando en mi mente siempre que se me acerca un hombre. Es como si ella me alentara para que fuera con él. Mientras algo en mi interior me quema y no me deja respirar.

CRSignes 270708

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4 comentarios

carmen, tú escribiendo estos relatos tan lujuriosos? me ha encantado, con música de fondo de los Bee Gees y esas pastillas endemoniadas.

Un besito y saludos para la family.
30.07.08 @ 13:36
Comentario De: monelle [Miembro] Correo electrónico
Jajaja Gracias Javi. Este relato pertenece a una serie que da un repaso a los demonios que controlan los pecados capitales, leíste la lujuria no podía ser menos. Gracias amigo por leer y comentar, me alegro de que te haya gustado. Besos.

Carmen
30.07.08 @ 14:44
Comentario De: Manel [Visitante] Correo electrónico · http://manelaljama.blogspot.com/
Me ha encantado. Una serie sobre pecados y demonios y cada demonio tiene su cometido. A Asmodeo le concedes la lujuria. Es un texto que engancha sin necesidad de pastillas. La ilustraciones me parecen muy adecuadas.
01.08.08 @ 19:53
Comentario De: monelle [Miembro] Correo electrónico
Así es, pero no soy yo la que le concede ese pecado a ese demonio sino los textos que he consultado. Ya hice otra serie pero en esta los demonios actuan de otra forma, hablo de los siete espíritus infernales. Alguno de ellos repite jeje. Gracias Manel, por estar ahí, me alegro de que te hayan gustado las ilustraciones, ya ves una hasta la he hecho yo.
Besos.

Carmen
01.08.08 @ 21:42

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