9
Ene

El comprador de alfombras

Recolocó la ropa como pudo; nunca había sabido hacer bien la cama, pero no quería que su esposa sospechara nada, y menos aún que notara que el lecho conyugal había sido gastado.
Siempre sucedía igual, le resultaba sencillo abordarlas donde fuera, no necesitaba de ningún antifaz que le procurase una imagen distinta de su persona. Todavía no había encontrado a ninguna que le pusiera pegas por estar casado. Sólo tenía que hacer mención de un matrimonio cada vez más famélico en sentimientos para conquistarlas. Un pequeño paseo, un café, conversación... ¡Era una persona encantadora y atractiva!

- Me disculpas un momento guapa...
- ¡Páisa! ¿Compra? Buena, muy buena alfombra.
- Si, si. ¿Cuanto?... La compro...

Con la alfombra bajo el brazo la convenció para que le acompañara.

- Ven conmigo, estará enseguida. Debo dejarla en casa. Es un regalo para intentar arreglar mi matrimonio, ya sabes... Luego te invito a comer...

Buscó concienzudamente las prendas esparcidas por la habitación, y sentándose en el borde del lecho aguardó hasta que su ya de por sí acelerado corazón se calmase.

- ¡Pobre chica! Seguro que se ha pasado la vida trabajando para ir siempre a la vanguardia de la moda, pensando quizá que así conquistaría alguna mayúscula fortuna...

Sobre la alfombra se hallaba el cuerpo inerte en el que momentos antes había consagrado toda su pasión. No acababa de comprender el despropósito que movía los hilos de su implacable ira, ni por que pasajes se perdía su mente para que en el más alocado frenesí, cuando la pasión daba rienda suelta al galope acompasado de los cuerpos, a punto de alcanzar el clímax, se abalanzara sobre su oponente sexual para estrangularla hasta la muerte.

- Esta es la última vez que me deshago del cuerpo de esta forma.

Debía encontrar otro método. Con el cadáver envuelto perfectamente se dirigió con su coche hasta el primer descampado que encontró.
Por todos los rincones de la ciudad, la policía buscaba para interrogar a los vendedores ambulantes de alfombras, querían saber si tenían algún cliente fijo.
Claro está que él ya se había encargado de no repetir nunca el mismo vendedor.

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5 comentarios

Comentario De: Loli [Visitante] · http://clematide.blogspot.com
Era más divertida la imagen de la alfombra voladora, ahora miraré con recelo a todos los vendedores...y por aqui hay muchos!!! uy qué miedo! El relato genial, como siempre.
Besitos de fin de semana.
09.01.09 @ 22:29
Comentario De: monelle [Miembro] Correo electrónico
No te preocupes Loli, puedes estar tranquila que el asesino es el que las compra. Gracias amiga por pasar y comentar el cuento.
Besos y feliz fin de semana.
Carmen
10.01.09 @ 08:31
Comentario De: Carla Duarte [Miembro] Correo electrónico
siempre me pregunto que es lo que les sucede a esos aseesinos que utilizan siempre un mismo modo de matar, que les pasará por la cabeza en esos momentos que comente tales barbaries..escalofriante historia....

besitos Prima... : )
12.01.09 @ 21:48
Comentario De: monelle [Miembro] Correo electrónico
Yo no me lo quiero preguntar, pero me sucede como a ti, a veces, cuando escuchas historias sobre lo que han hecho, no puedes evitarlo. Gracias Carla. Besotes.
Carmen
13.01.09 @ 11:58
Comentario De: Manel [Visitante] · http://manelaljama.blogspot.com/
"¡Pobre chica! " Cruel cinismo del asesino compulsivo que retratas tan bien en tu relato. Me ha encantado, quiero colgarlo en mi blog.
07.02.09 @ 19:05

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