27
Sep

Serie "Primavera" nº 55

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23
Sep

Historia de un títere

Si el salitre no hubiese endurecido los hilos de los que pendía, nunca lo hubiésemos encontrado. Cayó a tierra. Yacía cubierto de polvo y suciedad; su cuerpo desvencijado y revuelto, acentuaba la inmovilidad. Sin la prolongación de sus apéndices, apenas si retornaría a la vida, era difícil reparar en la especial forma de su cuerpo enjuto y alargado; en los delgados miembros partidos por las articulaciones; en la cabeza redondeada coronada por un cónico sombrero rojo, con aquella nariz puntiaguda hundida hacia el interior.
Papá le sopló con fuerza y me entregó el muñeco. “Ve y sumérgelo en agua jabonosa. Si lo recuperas te contaré su historia”.
Era de madera, el tono azul de su camisa contrastaba con el amarillo del pantalón de peto, tipo tirolés; el sombrero había perdido la pluma; y el rosa de sus mejillas estaba descolorido. No pude devolverle la forma, tal era el nudo orquestado por sus cuerdas. Intuí que sin la cruzada superior su recuperación sería imposible. Corrí hasta papá que había regresado al desván; entre sus manos una fotografía que mostraba un viejo carromato de madera; junto a él, un anciano sonriente sostenía varios títeres de hilos, y justo enfrente, desparramado por el suelo, un grupo de niños parecía divertirse.
“¿Quién es papá?”, le pregunté. La respuesta vino de la boca de aquel muñeco narigudo que se movía grácil delante de mí, una vez que papá desenredó los hilos. “No le conozco”, la voz sonó aguda, versión falsificada de la de un niño. Entonces, aquella protuberancia nasal comenzó a crecerle. Cualquier movimiento del muñeco se veía precedido por aquella nariz, que parecía querer libar de todos los objetos de su contorno. “No le hagas caso pequeña. Cuando falta a la verdad le crecen las narices. El de la foto es tu abuelo, mi padre, y se pasó la vida animando sus creaciones. Pinocho fue una de ellas, pero no supo comprender, y aún no comprende que no se puede intentar ocultar la verdad, negar lo que uno es. “¡Maldita puta con alas!” Farfulló el muñeco. “Nunca aprenderás hermano”, contestó papá.
Antes de salir del desván, vi cómo bajaba su cabeza a la vez que su nariz retornaba al tamaño original. Mientras desenredaba nuestros hilos, papá me contaba un relato que comenzaba el día en el que nació hacía ya mucho tiempo.

CRSignes 230809

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21
Sep

Paseando por La Habana 32

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17
Sep

Impregnación

Aturdido, despertó en medio de la espesa bruma nocturna. Anduvo con cautela. Por doquier encontraba obstáculos que le hacían perder el equilibrio.
Vagamente recordaba lo sucedido. Al mirar su atuendo recordó; regresó sobre sus pasos y volvió a descansar donde su cuerpo reposaba.

………………………………

¿Lo has visto? –preguntó.
¿El qué? Vida mía —contestó ella.
El espectro del único superviviente de la batalla que aconteció aquí. Dicen que falleció al ser consciente de lo que había sucedido.
No mi vida, no. ¿Acaso tú sí?
De nuevo la bruma lo ocultó todo y el rumor de los pasos silenció la respuesta.

CRSignes 2003

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13
Sep

Serie "Primavera" nº 54

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10
Sep

Realmente no hay lugar como el hogar

“Carretera en obras” Así rezaba el cartel colgado de una cadena en la entrada de la senda.
Y ahora ¿por dónde voy?
Recién llegado a Munchkinland, lo primero que hizo fue posicionarse al principio del camino y esperar a que pasara alguien.
Un grupo de munchkins asomó por la cuneta, caminaban en fila de a dos con sus gorros calados hasta las cejas. Decidió mirarlos pero sin decirles nada. Cuando llegaron a su altura detuvieron el paso. El que abría la fila dijo.
¿Me puedes decir si llegas a tiempo o estás haciendo tarde?
¿Cómo?
¿Acabas de marchar? —Le parecieron groseras aquellas preguntas.
Si te refieres a si acabo de llegar, así es. Me manda Dorothy.
Pues entonces tendrás que seguir el camino.
¡No se puede! Está cerrado.
¡Uy! Pensando así llegarás cerca. —Parece regañarle— Lo que no se termina no se puede comenzar —Y se alejaron.
Aquella conversación le había servido para decidirse. Apartó la cadena y comenzó a caminar sobre aquellas baldosas que en el acto se tornaron amarillas. Al instante un flujo constante de criaturas, surgidas de todos los rincones, poblaron la senda. Durante todo el recorrido anheló no encontrarse con ninguno de los personajes conocidos, aunque no los necesitara. Podía prescindir de guía. Pero algo le desconcertaba ¿sería capaz de llegar sin unas zapatillas rojas como las de Dorothy?
En el cielo, cuando ya el horizonte marcaba el final de la ruta y la ciudad Esmeralda dibujaba su forma resplandeciente, vislumbró la figura atroz de la bruja que descendía. Sus pies, calzados con sendas zapatillas de rubí bañaron con su color el campo y sus cultivos; el cielo, las espesas nubes, y pájaros; y el bosque cruzado por un río ahora rojo que lindaba con la senda que seguía, también mutó de color.
No me temas. Me necesitas.
Nadie sabe que he venido, salvo Dorothy.
Y tú. No olvides quién eres, tú eres quién está aquí. Póntelos. —La bruja le entregó sus zapatos, y él al calzárselos recordó su origen. Entonces golpeó tres veces aquellos talones.
Bienvenido a casa Mago.
Oz regresa a su estado. Ya no hay color en su senda, todo vuelve como al principio, la obra comenzada termina ya, el camino torna a cerrarse esperando que alguien llegue o se marche de nuevo. Y un cartel colgado de una cadena en la entrada de la senda anuncia: “Carretera en obras”.

CRSignes 270409

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6
Sep

Paseando por La Habana 31

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3
Sep

Seguimos jugando 4. Por Ricardo Acevedo y CRSignes

"Notas para un Storyboard"

En medio de toda la soledad
me hundo en tus recuerdos
que llegan a mi como “Deja Vù” en vivo
voces (como psicofonías) no aterradoras palabras
sino risa y pasión
ya que no te escondes en el éter
y no llegas a través de un médium
no eres ninguno de los Arcanos (mayores o menores)
y los caracoles están mudos
quizás siguiendo la línea (de tus senos)... no la de tus manos
llegaré a tu rincón de ensueños
"¡Pobre, Loco!”. Dicen brujos y chamanes
"Persigues una leyenda", me dijo el anciano de la montaña
mientras me hundía en el desierto de brillantes gemas
ahora que renuncio al oasis y su sombra
que el dátil me es amargo
hasta mí llega tu perfume (que puede diferenciar entre los que contaminan el mercado de especies)
"Sí, paso por aquí", dicen picaras las huríes del sultán
y no apareces ni en pasaportes, ni en los bajos fondos
la INTERPOL desconfía: "Es un hombre enamorado"
conciertos de rock, predicadores de TV (no hay huellas en las telenovelas)
busco entre viejas actrices del pasado
una de ellas (¿la Dietrish?)
me confía de una torre de libros... un refugio para sueños expatriados
ya estoy aquí...
... y voy a abrir la puerta.
A ti mi amor (aunque mereces mucho más)

©Ricardo Acevedo Esplugas 2005

En El Deseo (De Cómo Perderse Entre Murmullos, Sonidos E Imágenes De Las Cosas Que Nos Unen)

Una corriente de aire fresca,
un chirrido penetrante,
un encuentro entre las sombras
como en un viejo film de espionaje o de gansters,
besos silenciados por los disparos repetitivos
de algún reproche oculto,
palabras dulces para sanar la herida.
Luz y sombra, contraste extremo.
Sobre saturados matices,
un flash que no dispara,
sobrillas, carmín rouge,
grandes lazos negros, sobreros de ala ancha,
vuelven los disparos de la Thompsom.
Cambiando de canal
reaparece la sombra de los clásicos
que embelesa en imágenes
de la aventurada infancia,
de los patios del colegio,
de las tardes de temprana noche,
“…ven pronto a casa…”,
de los veranos de calles que no se acaban,
convertidas en escenarios
de todas las batallas.
Imágenes de ídolos perdidos,
selvas falsas, grandes monos amaestrados,
y héroes indiferentes y osados
convertidos en niños acelerados,
“cómete el bocadillo, antes de las diez en casa”.
El golpe seco en la pared desprotegida,
anchura desprovista de decoro,
invasión deseada.
A trompicones se abre camino y busca.
Encuentra su Marlene, su Rita, su Marilyn…,
a golpe de cinematógrafo,
escudriñando en el contraste,
en las bobinas perdidas,
en las escenas cortadas,
recupera escenas censuradas,
“¡Corten! Positiven”,
y a vueltas con la música
del correr de las cintas en la máquina,
se aferran el uno al otro y no paran,
es el juego mal entendido
de las películas de infancia,
subido de tono, agradable,
sensual, disparatado.
Mañana jugarán otro distinto,
la intensidad crece,
tal vez se pierdan entre peplums,
o esquiven a Godzila saliendo del agua,
quizás prefieran acariciarse en el circo de los monstruos
o sentir la angustia en blanco y negro
de una noche con los muertos.
Caricias en los pechos
“no apartes la vista de la pantalla”,
ella agradece como sabe,
sabe lo que es de agradecer,
besos, luego Calígula, La naranja mecánica,
el morbo está servido…
la pasión crece…
ya no aguantan más y allá mismo…
que más dará
no hay nada que les impida ser dueños de si mismos.
Pero se levanta.
Lo deja con la miel en los labios,
se aleja y cuando más desconcertado está él,
cierra esa puerta que aún permanecía abierta,
y regresa al juego…
olvida las instrucciones
no hay quién pueda normalizar el amor.

©CRSignes 2005

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