Escucha San Rafael el corrido de la niña Maria Elena

“…Esta es la historia cantan los mariachis.
de la niña Maria Elena,
de su madre devota,
de su novio y de su padre…”
“Se cumplirá el destino”, decía amá. Había desaparecido de su mirada la fiebre que arrastraba. Vestida siempre de negro, una sombra la seguía. “Es el ángel —afirmaba —y cuidará de ti”. No recuerdo ni un solo minuto, en el que no rezara. Devota a San Rafael, llevaba su escapulario hasta para dormir. Mis padres discutían precisamente por eso. Nuestra familia se desmoronaba desde hacía años. “San Rafael, mi niña, es el único que puede salvarnos”, decía llorando, mientras de rodillas, rezábamos esperando a apá de alguno de sus largos viajes.
A apá, le caía de madre Eduardo, y si lo aguantaba, era por los favores que le regalaba. “Esto si que es amor por una hija”, gritó el día en el que anunciamos el enlace, dos semanas antes del juicio que condenaría a Eduardo, padre del niño que esperaba, a cinco años de prisión por tráfico de armas.
“…En el rancho paterno, los mariachis acompañaron el desfile nupcial, intentando disimular el cansancio que arrastraban de tanto tocar.
el tequila y la birria
bañan y perfuman el suelo,
mientras, en otro estado
la sangre de las armas exportadas.
se derrama por todas partes…”
De blanco inmaculado entré en la iglesia.
“…En la ceremonia los mariachis
seguimos cantando.
aguardando que la boda termine
para después seguir con el borlote
de la niña Maria Elena,
echar papa como animales,
y chupar hasta empedarse...”
Con el beso, las puertas volvieron a abrirse.
Desde la sacristía podían escucharse los gritos de apá. El lenguaje soez, se mezcló con los lloros y las súplicas. Eduardo no purgaría los delitos de su jefe. La sombra misteriosa de amá, intentó apartarme. No la dejé y el traje se tiñó de rojo. Todo había terminado.
Desde el otro lado, veo las consecuencias de mi muerte. A Eduardo lo mató mi padre, por haberme asesinado. “Se rompió la familia”, repite mi madre, mientras aquella sombra se aleja. Parece un ángel.
Los mariachis concluyen su corrido, al ritmo lento del cortejo que me acerca al rancho.
“La niña Maria Elena desea
probar un pedazo de su tarta
amá no la deja,
si antes no le limpia la falda
que le manchó su novio
que descansa como ella
al lado de María Guadaña.”
CRSignes 041209

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9 comentarios
Besos querida amiga.
Carmen
Otra cosa buena que encuentro es la sincronización entre el corrido y la historia de forma que empiza con "Esta es la historia" y concluye con la pareja descansando "al lado de la guadaña".
No necesitas añadir nada más para reforzar o adjetivar los personajes en tan pocas líneas. Los diálogos proporcionan la información necesaria para meterte de lleno en la historia.
¿No es San Rafael el protector de las parejas? Pues parece que no le has dejado realizar su trabajo je je
Gracias Manel, es un placer leer siempre tus comentarios. Me alegra haber llegado hasta ti, con este cuento también.
Besos.
Carmen
Un besito, Carmen.
otro gran capitulo de esta serie...
: ) besos Prima
Carla, para mi es un honor tener aquí plasmada tu opinión,pues no es sencillo escribir sobre algo que no has embebido desde chico. Me ha alegrado saber que he dado en el clavo, aunque seguro que es mejorable.
Besos a las dos.
Carmen
Ni San Rafael en un remolino de nubes puede esconder a la pequeña y se desata la tragedia. Un lenguaje despojado y preciso, casi de escalpelo, para resolver en unos pocos renglones una atmósfera agobiante que ni los fastidiados mariachis pueden acallar. Me encanto.
Gracias Pablo.
Carmen
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