12
Feb

La pianista

Cuando llegué a la corte, el cardenal se convirtió en mi protector. Fui llamado a servir, por mis grandes dones, en las filas de los elegidos; y como muchos otros, introducido en el mismo saco. Comprendí que tendría que pelear duro para que me valoraran. Las obras de Bach y de Vivaldi seguían expuestas en las galerías de palacio, presidiendo cada acto, como si aún estuviesen vivos.
En la soledad de mis recitales, cuando el silencio de la sala, precedía la primera nota, aún desconocida por todos, podía sentir el poder y la influencia del instante; y en ocasiones, conseguí que aquella mágica alquimia, que ahora atesoro en mi encierro, me favoreciera. Algo por lo que merecía la pena luchar.
Pierre Jaquet Droz era un genio, la ciencia en beneficio del arte, así pregonaba su carta de presentación. Con su pericia había conseguido que todos le admiraran. Fui absorbido por su maestría. Pasaba horas enteras en los talleres en dónde fabricaba sus ingenios mecánicos. Creí ver una consonancia, entre sus cálculos matemáticos, esas cifras emborronadas en papel, y mis partituras. Y esta simbiosis se vio materializada en el último de sus ingenios: la pianista.
Aquella criatura de exquisitos movimientos, era capaz de crear sin recibir órdenes, lanzaba miradas cómplices, mientras interpretaba hermosas melodías. Entonces lo vi claro: era dueña de mis creaciones. ¡Había robado mi arte, mi alma!
Por más que intentaron que razonara, que comprendiera, no lo consiguieron. Perdí el juicio. Me convertí en el hazmerreír de todos ante mis afirmaciones. Aquella obra de Satanás, estaba usurpando mi puesto.
Pero ahí no terminaba el problema, suave había entrado en mí, vanagloriándose de un triunfo robado que pregonaba a los cuatro vientos y que nadie más era capaz de ver, salvo yo.
Debía terminar con aquel despropósito. Liquidarlo. Y en la primera ocasión que tuve me lancé dispuesto a destrozarle las entrañas, pero fui detenido.
Ahora sobrevivo alejado de su influencia. Dicen que aún no ha parado, que sigue maravillando, creando, pero si de algo estoy convencido es de que ya no soy yo a quién posee.
La noche aviva las notas que crecen en mi mente. El piano suena cadencioso bajo mis dedos, y las melodías se pierden olvidadas, abandonadas al espacio que me envuelve, por que nunca jamás garabatearé más partituras, y así nadie podrá robarme.

CRSignes 191109

free b2evolution skin

Dirección para referencias de este mensaje

This is a captcha-picture. It is used to prevent mass-access by robots.
Please enter the characters from the image above. (case insensitive)

6 comentarios

Comentario De: Loli [Visitante] · http://clematide.blogspot.com
Triste final para un músico ser usurpado por una máquina malévola...¡Pero fantástico para crear un relato como este!
16.02.10 @ 22:39
Comentario De: monelle [Miembro] Correo electrónico
Gracias Loli. La mente juega malas pasadas, y cuando uno se obceca en algo, no hay quién nos quite las ideas que nos hacemos.

Besos.

Carmen
17.02.10 @ 08:53
Comentario De: Carla Palacios [Miembro] Correo electrónico
que malevolo juego en el que se enredo el pobre pinaistaa que al final termina preso de su locura y obsesion...fantastico cuento...me gusto la imagen de la pianista...

besitos Prima.... : )
20.02.10 @ 04:46
Comentario De: monelle [Miembro] Correo electrónico
Es el autómata original, la pianista de la foto es la que crea la obsesión del protagonista de mi historia ficticia. Pero viéndola no es de extrañar que alguien pueda llegar a obsesionarse.
Besos Carla.
Carmen
20.02.10 @ 09:16
Comentario De: Manel [Visitante] · http://manelaljama.blogspot.com/
Está escrito en primera persona y el punto de vista es del narrador, en este caso el pianista. Y

lo mejor es el trabajo de introspección de los personajes. En tan pocas líneas sabemos mucho de

este pianista: su ego: "por mis grandes dones", su constatación de la realidad al ser uno

más: "pelear duro", la sumisión a lo establecido (Bach y Vivaldi parecen estar vivos),

etc.
Al ingenio mecánico lo describes con adjetivos femeninos: exquisitos movimientos, miradas

cómplices, suave...
Es detacable y me gusta la mezcla de un personaje real, Pierre Jacquet-Droz, frabricante de

autómatas, con cuento ficticio del pianista que enloquece.

Precisamente en ese enloquecimiento hay una pega o una ambigüedad: Dentro las psicopatías hay 2

grandes grupos, los de la neurosis y los psicópatas (o locos) propiamente dichos. Formalmente la

diferencia entre ellos está en la consciencia. El neurótico sabe que por ejemplo tiene miedo de

estar en un ascensor, en un cuarto oscuro, etc. etc. En cambio "el loco", nunca reconoce su

locura. No considero una equivocación sino una licencia literaria que deja en manos del lector

el grado de enajenación del pianista.

Esta historia podría servir de ejemplo para escritores noveles que quieran escribir algo más que

una redacción de fin de semana o "dónde hemos ido de vacaciones".

El autómata de la foto da "yuyu", je je como entrar en el Museo de Autómatas, o mejor en el bar

"La Fira" de Barcelona, donde están los autótmatas abandonados y rotos junto con otros trastos

de feria.
20.02.10 @ 11:25
Comentario De: monelle [Miembro] Correo electrónico
Como siempre mil gracias Manel por tan completo comentario, me das siempre cosas con las que reflexionar y así, además, aprendo a valorar mi trabajo desde el punto de vista del lector, algo que es necesario. En cuanto uno se documenta un poco sobre este creador de autómatas, descubres que todos sus logros dan yuyu jeje
Besos.
Carmen
21.02.10 @ 01:33

Dejar un comentario


Su dirección de correo no será mostrada en este sitio.

Su URL será mostrada.
(Los saltos de lí­nea serán <br />)
(Nombre, correo y página web)
(Permitir a los usuarios contactarle a través de un formulario de mensajes (su correo no será mostrado.))
This is a captcha-picture. It is used to prevent mass-access by robots.
Please enter the characters from the image above. (case insensitive)