El oasis portátil

El cortejo de la princesa recorría el mundo en una caravana sin escalas. El derroche de medios, que hacía de la misma un espectáculo extraordinario, quedaba eclipsado por la soledad reinante a cada paso.
El rey no soportando ver que su hija tuviera que crecer rodeada de aquella inconmensurable sequedad, ni quedarse anclada en un punto fijo del mar de dunas que cubría el planeta, puso a trabajar a los ingenieros y científicos en la construcción de una nave autosuficiente. Aquel vehículo sería portador de un microclima que les protegería de la desertización, el calor y una muerte segura fuera en aquel medio. Árboles y plantas de las especies más tupidas impedirían que el sol alcanzara el piso, permitiendo mantener en su interior un ambiente húmedo eternamente regenerado por un sistema que aprovechaba la energía solar para crearlo.
Aquella muchacha ni tan siquiera recordaba la belleza del cielo azul, ni el brillo de las centellas nocturnas; fue encerrada en el ingenio mucho antes de que concluyera su construcción. Creció al tiempo que la vegetación que la protegería. Su padre no pudo ver el proyecto terminado.
Acompañada por una corte de fieles sirvientes se lanzó en la búsqueda de aquel futuro que soñaran para ella. Por eso después de soltar amarras, navegó rumbo al horizonte desdibujado por el calor en busca de alguna señal que les condujera hacia otro oasis.
Aprendieron a vivir hacia dentro. Cedieron ante el destino incierto y dejaron de tener comunicación con el exterior. Con el tiempo, en aquel vehículo que mantenía la ruta fijada, cualquier contacto o el recuerdo de la vida tal y como fue, se olvidó. Habían dejado de confiar en encontrar ese algo durante tanto tiempo anhelado.
Dentro del mundo creado por un padre que no hubiera visto con buenos ojos las relaciones que su hija comenzó a tener con uno de los técnicos de mantenimiento, relación que culminó el día en el que se casaron enamorados y felices, se convirtió en el principio de una nueva era.
Por su aspecto en la lejanía su contorno invitaba a engaño. Para aquellos viajeros que habían confiado su suerte en las bondades, casi inexistentes, del desierto en el que una gota de agua podía hacer surgir un perfil verde, vital, llegar a él podía significar la diferencia entre la vida o la muerte. Muchos fueron los que tarde, en su último hálito, descubrieron la imposibilidad de alcanzar aquel oasis portátil y murieron en el intento.
CRSignes 16/05/10

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8 comentarios
besos Prima : )
Besos y feliz semana.
Carmen
La estampa clásica de la princesa en la jaula de oro que me lleva a una reflexión, o mejor pregunta: ¿Privación de libertad en un mundo que no existe fuera de ese reducido espacio en el que sobreviven cuatro?
Y en cuanto al surgir del amor; es fácil que así ocurra cuando hay tan poco de donde elegir. Hasta se han dado casos de enamoramiento del secuestrado/a con su carcelero/a.
Un sugerente cuento con visos de realidad en un futuro si seguimos como vamos en este mundo de tecnologías y destrucción del medio ambiente.
Saludos
Besos.
Carmen
"Aprendieron a vivir hacia dentro..." me ha llegado al corazón. Me gusta la mezcla de este cuento futurista repleto de emociones y reflexiones subliminales...
Un abrazo y un beso enormes preciosa y gracias por seguir haciéndonos estos regalos.
Carmen
En tu texto se ven elementos de los clásicos de la ciencia ficción y de la literatura en general: el vehículo de la princesa viene a ser el Enterprise de Star Treck, el mundo desértico, ¿el de Dune?. Luego la princesa encerrada en la jaula de oro que acaba casándose con el "ceniciento" técnico de mantenimiento. Quizá, podríamos descender de las estrellas y quedarnos en egipto con las pirámides. Pero tu cuento brilla con luz propia porque has sabido darle ese toque de armonía entre tu creación propia, que es tu aportación, y el bagaje cultural que llevas.
A destacar, la frase del comenzo, cuyo final es bueno: "una caravana sin escalas". Establece las reglas del juego, un marco del que nadie va a salir vivo. Eso es lo que apuntas en el final: murieron en el intento".
Besos grandes para que pronto te recuperes.
Carmen
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