Regreso a casa

Había oído hablar de aquellos lugares repletos de desperdicios y miserias, pero nunca pensó que encontraría allí a su padre. La última vez que lo vio, discutía con su madre por la custodia de los hijos. Sorprendentemente y a pesar de haberla conseguido quería desaparecer.
—¡Fantasías! Cómo puedes afirmar que lo haces por ellos.
—Tú siempre tan suspicaz. Todo es efímero —concluyó.
Nunca más supieron de él, hasta dos días atrás. Albert recibió una notificación en la que se le convocaba para el retiro obligatorio del ciudadano Albert Ripling de Back-out Distrit, el vertedero de la ciudad. Un sector frecuentado por vagabundos y maleantes.
Temía averiguar en qué se había convertido su padre. Sentía vergüenza como cuando de niño le preguntaban sobre él y no sabía qué decir.
Un oficial le servía de escolta.
—Sabemos que la medida puede incomodar, pero el alcalde quiere quitar de las calles a todos los hombres buenos.
—¿Buenos? Está hablando del hombre que nos abandonó.
—El condado no juzga los hechos personales. En ningún archivo consta que Albert Ripling haya cometido delito alguno. Por lo tanto la custodia corresponde a los familiares si los tuviera, en caso contrario a algún centro público.
—Pues llévenlo allí, no quiero saber nada de él. Ojo por ojo…
—Si persiste en su actitud deberé informar de su anormal comportamiento.
—Tendría gracia. ¿Por qué no se le persiguió al abandonarnos?
—El ciudadano Ripling cumplió alistándose en la expedición New Celux. A su regresó, herido y agotado, nadie le atendió a pesar de que todos los familiares recibieron las correspondientes indemnizaciones. Cuatrocientos millones de cromo laser por los perjuicios que la separación pudiera haber ocasionado.
Aquella narración le dejó pensativo. Recordó que su madre un día llegó con mucho dinero.
—Venga niños, nos mudamos. Vuestro padre al fin pagó una parte de lo que nos debía por ley.
Un hombre agazapado, que se encogió con temor, miraba de reojo.
—Ya me robaron ayer. ¡Márchense!
Albert reconoció la cadencia de su voz.
—Levántese, este hombre ha venido a buscarle —dijo el oficial.
Alargó la mano lo justo para que Albert pudiera tomarla, y vio en su rostro aquello por lo cuál de niño lo admiraba. Comprendió muchas cosas que ya no importaban, era el momento de recuperar el tiempo, el amor, abandonar el rencor.
—Venga padre, no se asuste. Es hora de regresar a casa.
—¡A casa! Sí volvamos, tu madre debe estar esperándonos.
CRSignes 11/10/08

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6 comentarios
Pasa tanto, la separación de los hijos con sus padres.
Los humanos somos tan inconcientes tanta veces...
es una gran historia....me gusta el toque ese como futurista que le has dado...creo que no importa en que tiempo estemos, siempre esos abandonos son los mismos...
besos Prima : )
Besos Carla y muchas gracias por estar siempre ahí.
Carmen
Un beso Carmen
Besos Loli linda. Gracias por pasar.
Carmen
Así, los problemas de pareja al inicio y al final: "¡A casa! Sí volvamos, tu madre debe estar esperándonos.". Valentía al dejar como "mala" a ella mientras èl queda como el que abandonó el hogar. La memoria prodigiosa del niño que recuerda el dinero y el tiempo perdido (en el final).
Al mismo tiempo es un cuento de ciencia ficción, más que eso, futurista. Con la pulcritud habitual y que te permite pensar que son seres humanos o puede que sólo sea el adjetivo "humano" el que acompaña a una especia de cyborgs o robocops.
Y en ese final dejas las historia suspendida puesto que las premisas son de un ajsute de cuentas pero las palabras están dentro de lo que sería normal y cotidiano.
Me ha gustado, sí.
El futuro que se nos avecina no puede ser muy distinto a lo que ahora vivimos, pues seguimos repitiendo esquemas, los mismos desde hace miles de años, sólo cambian los matices, pero como dices, quizás en ese futuro tan sólo nos quede de humano el nombre, teniendo como característica principal aquellas cosas que nos hacen diferentes y que por desgracia no todas son buenas.
Besos amigo.
Carmen
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