3
Jun

Tarot

Siempre sentí fascinación por el Tarot. Eso hizo que desde bien temprana edad, me dedicara al estudio de esta mancia con tantos matices. Pero fue hace un par de años que me decidí a escribir una serie de relatos inspirados en cada uno de sus arcanos mayores. Aquí los tenéis. No esperéis encontrar las claves de este arte adivinatorio, pero si que puedo aseguraros que en los textos que leeréis a continuación, hallaréis parte de las mías. No obstante, hay relatos basados en personajes históricos que creo representan bien el espíritu del arcano en el que los he situado, y otros que son el inspirado reflejo de la carta en mi imaginación.

Carmen Rosa Signes 030608

free b2evolution skin
23
May

El arcano número 1. El Mago

free b2evolution skin
23
May

El arcano número 1. El Mago

Mostraba sus pertenencias, sus cualidades. Los movimientos fueron rápidos, apenas si pudieron distinguir el juego de manos, con el que logró disimular sus trucos una y otra vez. La admiración fue en aumento, así como la dificultad con la que impidió que la atención decreciera. Aquella noche no pudo dejar de pensar en la actuación, asomado al firmamento, vio descender las Perseidas como un buen augurio. Por la mañana, tuvo claro que deseaba controlar, pero sobre todo manipular; fue consciente de que no era lo que él lograra hacer, sino más bien lo que los demás sintieran, percibieran, y comprendieran de sus manipulaciones.
Había descendido por la colina, desde su casa, cargado como un burro; sabía que debía demostrar su valía; se jugaba, a una sola carta, el futuro. Su futuro. Arrastraba la mesa, el ruido se hacía insoportable; a los balcones y ventanas se asomaban sus vecinos, pero sin atreverse a decirle nada; la curiosidad era mayor que el suplicio. Sobre aquella mesa exhibiría todas sus artes, todos sus dominios. El resultado se hacía inevitable. Tomó la determinación de salir de una vez, volcarse al mundo, encontrar el camino del éxito y del poder; quería ser transparente, pero sin desvelar la forma con la que había llegado a serlo. No lo tuvo fácil. Otros cuentan con la suerte de pertenecer a un grupo, de demostrar sus actitudes mediante alguna prueba ejemplarizante, él no. Acudió a pedir consejo a los que, como él, no tuvieron más remedio que actuar por si mimos, pero como única respuesta: gestos de indiferencia y un “...ahora te toca a ti” que aplastaron sus ilusiones de un golpe. ¿De qué servía llegar a adulto, con la ilusión puesta en las esperanzas por serlo, dejar de ser un chiquillo, si los que nos preceden no colaboran? ¿Tendrían miedo de que les robaran el sitio? Y aunque así fuera, ¿sería justificado? En el otro extremo, estarían los demás. ¿Podría llegar a jugar con sus sentidos? Si lo conseguía, obtendría todo lo que se le antojase. ¡El éxito es efímero!
Así era su vida. Con la boca abierta le vieron partir, no habían dado nada por él, ya los tenía a todos dónde quería.
Ahora, mostraba las cartas, el pañuelo, la soga, la varita dentro de la chistera con total seguridad. Jugando...

“Nada por aquí, nada por allá”.

Carmen Rosa Signes 260506

free b2evolution skin
14
May

El arcano número 2. La Sacerdotisa

free b2evolution skin
14
May

El arcano número 2. La Sacerdotisa

Exitosas hazañas y trágicos acontecimientos, que marcarían el destino del país, fueron desvelados por Lucrecia, de las visiones brumosas que en sueños, le dejaban entrever los pormenores de los lances venideros.

Lucrecia de León, había nacido con el convencimiento del poder que ejercería sobre el destino de los hombres; no se dejó amedrentar; se reveló contra todos aquellos que deseaban postergarla a los oscuros rincones del aislamiento femenino. Vedada para los conocimientos doctorados, dedicó toda su voluntad a concatenar sus estudios científicos, de forma autodidacta. Fácil le resultó encajar entre aquellos eruditos de las doctrinas ocultas. Se desligó del puritanismo exigido, para el buen cristiano, y alcanzó su meta. Tuvo suerte, el rey sentía una fuerte atracción por lo oculto, y se le abrieron las puertas de la corte; siempre rodeado de magos, sanadores, místicos, santones, alquimistas y otros tantos personajes, Felipe II, la aceptó gracias, ante todo, a sus dotes de adivina; para Lucrecia, aquel acercamiento al poder, significo la mejor forma de imponer su criterio.
Su credibilidad comenzó a quedar en entredicho, por sus constantes desaires hacia las acciones de un monarca, que le había desencantado; cualquier suceso, cualquier aniversario festejado con júbilo, era susceptible de su crítica, y las tortas dialécticas comenzaron a molestar. Fue expulsada de la corte en más de una ocasión, aunque siempre regresó victoriosa. Pero no contaba con la verdadera dimensión de la herida, que su condición de mujer y de adivina, podía abrir entre los influyentes mandatos que desde Roma eran dictados; ni con las flechas envenenadas que sobre ella, y su particular forma de crítica, fueron lanzadas. Molestos por su actitud acaparadora, se había convertido en una lacra, en un estorbo. Fue detenida y juzgada junto con los demás visionarios, por la Santa Inquisición, que la despojó de todos sus bienes; y aunque nunca se supo como terminó su vida, nos la podemos imaginar descifrando la buenaventura para ganarse el pan, mientras que, posiblemente, oculta de la mirada de sus enemigos, seguiría conspirando con sus reproches, buscando que alguien le hiciera caso, y poder quizás, cambiar el destino del país que un día le fuera desvelado. Destino revelado e ignorado pero que nadie logró eludir.

Carmen Rosa Signes 050406

free b2evolution skin
10
Abr

El arcano número 3. La Emperatriz

free b2evolution skin
10
Abr

El arcano número 3. La Emperatriz

La corte era un hervidero de rumores. Rumores sobre política, sobre ciencia, sobre literatura, rumores que afectaban a los más allegados a la corona, incluso, a la misma reina.
Críticas, desprecios, codicia del inconformismo típico con el que se tenía que enfrentar.
Pasaban los años y nadie olvidaba las disputas y menos aquellas que habían dividido al imperio. Enrique, su padre, obró en consecuencia con sus caprichos. Dejó una huella imborrable.
Elizabeth había crecido consciente de su divinidad. Pero era inteligente, sabía que ésta era fruto de su situación y que si perdía ese halo protector, sus súbditos comenzarían a dudar de su capacidad. Consiguió que la respetaran pagando un alto precio por ello.
Pero los rumores no cesaban y, ella, mostraba con orgullo las armas de su mandato, el poder. Despiadada con sus enemigos, conquistó una fama ambigua que hizo dudar sobre su persona. La “Reina Virgen” la llamaban.
Ese mote sirvió a sus intereses. Su vida privada era eso, privada, un crisol sin grietas por el que no se derramaba ni una sola gota. ¿Quién hubiera tributado a una dama con signos de debilidad?
Aquella noche después de un largo día de sufrimiento y mientras los músicos de la corte daban tango a las cuerdas de sus instrumentos, trajo al mundo un niño del que apenas si pudo contemplar su rostro. Se había negado a verlo, pero en un último momento tuvo que apartar la mirada, pues el instinto le pudo. Ella misma escogió a sus padres y en secreto pagó su educación. Desde bien joven lo tuvo cerca y, entregándolo en manos de John Dee su astrólogo y consejero personal, lo convirtió en su discípulo. Quiso limar su carácter, educarlo, evitar que se convirtiera en un personaje agreste, como muchos de los que pululaban en bandada por la corte.
Se veía reflejada en él. Pero para el muchacho, de nombre Francis Bacon, ella no significaba nada. La sentía distante.
Así sucedió que, cierto día, una vez regresado a Inglaterra después de realizar estudios en universidades francesas, Francis perdió el favor real. Elizabeth quiso honrarlo con su ayuda, pero le pudo el orgullo y la rechazó.
Pese a que le afectara en lo más hondo, Elizabeth no podía aceptar el descaro constante y los desaires del joven Francis. Permitir que la vieran como lo que se resistía a ser, una mujer vulnerable, hubiera acabado con ella.

Carmen Rosa Signes 120206

free b2evolution skin
2
Mar

El arcano número 4. El Emperador

free b2evolution skin
2
Mar

El arcano número 4. El Emperador

¿Cuántos más seguirán? En el peor de los casos, y cuando lo requiere, del interior de mi mano parece escapar la ira, que con forma imprecisa, bien de su filo punzante, por su atronadora llama, o con la mano desnuda, blande al viento contorneadas gotas, que tiñen con sangre su trazada. El temor ante mi imagen, perversa y cruel, visible reflejo en los ojos desencajados de los que me acatan, no es lo único destacable. Ese es mi aspecto más feroz, pero tengo otros; variable rostro que no necesita de artificios ni de golpes de efecto. Altanero, por mi apostura, conquisto incluso caminando. Lo habrás visto, y lo verás una y mil veces. ¿Qué importa el cuándo, el cómo o el dónde? Tarde o temprano reaparece; me instalo a tu lado y por encima. ¡No podrás escapar!
El efecto enmascarador del tiempo, que incansable oculta la evidencia, con bituminosa capa, no puede evitar que se repita. Es el vivo reflejo del triunfo. Ante mi presencia: temor y respeto. En mi presencia: justicia y sabiduría. Todo cabe; lo bueno y lo malo se reparte como en una lotería. Nada es previsible, tan sólo ese afán de poder y gloria, que lo caracteriza. Maratoniana migración de recursos anclados en el deseo. Quién no nace con poder, lo consigue; pero no es más el querer o el desear, que el tenerlo seguro.. Hay que nacer para estar ahí, bien alto. ¿Es difícil de imaginar que alguien pueda abarcarlo todo?
Retozando en las sombra, ocultos detrás de mis actos, otros aprovecharán el empuje, la fuerza. La imagen del emperador, del rey, del monarca se queda clavada, se extiende hasta en los quicios recónditos de la mente. Es intemporal. Por codicia o por admiración, contabilizamos los días anhelando el encuentro; atrae la envidia incluso cuando surge de lo más profundo del odio. ¡Desearás ser como yo!
La salvación, quizás... alcanzarme. A nadie le amarga un dulce y puede que, si eres fríamente justo, y tratas la crueldad con calidez, el amenazador rastro, de los que te aventajamos, pase de largo por tu reino.

Carmen Rosa Signes 060706

free b2evolution skin
22
Feb

El arcano número 5. El Papa. Papa Luna

- ¿Perdonaría Cristo a los discípulos si le hubiesen rechazado como a mí? ¿Sentiría piedad de sus almas si, una vez elegido, otros hubiesen venido a sustituirlo?

Desde la cueva podía concebirse como Cristo predicando ante la multitud. Las gaviotas y vencejos revoloteando y el sonido de las olas golpeando los acantilados, le devolvían el clamor de su proclamación, al momento de su glorioso nombramiento como Papa en la Obediencia de Avignon.
Viejo y ajado, descendía las escaleras labradas en la gruta hacia el embarcadero oculto, por el que poder huir si alguien lograba franquear los muros de la fortaleza.
Peñiscola se levantaba desafiante al mar y hacia todo aquél que osase conquistarla. La firmeza del baluarte reforzaba aún más la postura inflexible del Pontífice, que agonizaba en la soledad de su encierro, desterrado de su reinado terrestre pero no de su vínculo divino, precisamente aquél que le concedió el privilegio de su representación en la tierra.
El cisma le transformó en proscrito.
¿Pero quienes eran aquellos que cuestionaban su mandato?
Posiblemente acólitos ignorantes que tan sólo servían para las obras menores de la Iglesia y políticos infieles buscando redención.
El protervo modo con el que lo habían exiliado, condenándolo a la más obscura de las persecuciones, tan sólo comparable a la sufrida por los primeros cristianos, tarde o temprano les pasaría factura.
Serían condenados por ello.
Y una y otra vez descendía a la gruta buscando quizás, en el retiro de aquel escondite, la conexión directa con el Altísimo, que le aguardaba con los brazos abiertos, como quién espera al hijo que ha tenido que escapar injustamente y que, abandonado a su suerte, lucha y sufre por el reencuentro con sus seres queridos.
Desde la ventana de sus aposentos, su pensamiento se perdía buscando el delirio que ha hecho de lo terreno, en contraposición con lo eterno y lo divino, acaso más anhelado, el suplicio de su existencia.
Sabe bien que el comportamiento díscolo es de los otros. Sólo el Altísimo podrá juzgar sus actos.
Enjuga unas lágrimas matizadas por la humedad que le llega con el choque del oleaje. Silenciados lamentos en el temor al homicidio de la Iglesia, cuyo camino se ha visto truncado.

- Sí, Cristo perdonaría porque su mandato se basa en la piedad y la comprensión. Mi único consuelo es que a pesar de todo el pueblo siga amándole.

Carmen Rosa Signes 100106

free b2evolution skin
20
Feb

El arcano número 5. El Papa

free b2evolution skin
20
Feb

el arcano número 6. Los enamorados

free b2evolution skin
20
Feb

El arcano número 6. Los dos caminos

Lleva toda la noche cabalgando y le vence el cansancio.
Los perfiles del horizonte dibujan, al fin, conocidas montañas.
Por la vereda que conduce al río, los vaqueros guían su rebaño. Pasa con desdén sin reparar en ellos.
El camino se divide en dos. Debe escoger...

La joven contempla la corriente, abstraída de su labor. Está sola, sus compañeras han partido ya.
De entre sus manos escapa una prenda que, flotando sin rumbo, dibuja, sobre la superficie del agua, el baile de la corriente, hasta que una roca la detiene en su huída. Permanece impasible mientras la ligera prenda de un rojo y sedoso tejido se aleja. En la distancia, aquel ropaje, semeja la llama de una hoguera sin humo.
Saca las manos del agua y las airea pausadamente al viento y al sol que parece querer calentar un poco.
Recupera la prenda sin poder evitar empapar sus ropas. Sus senos se clarean por entre la liviana blusa. Entonces, desnuda su cuerpo y se tumba en la hierba.

Mientras su cabalgadura repone las fuerzas en la tranquila orilla, puede contemplar, en la trayectoria de uno de los caminos, la salvaje belleza que retoza sobre el verde manto, jugando con su cuerpo, viendo pasar las horas, desprendiendo deseo, juventud y ansias de vivir.

Sobre peanas, desperdigadas entre la floresta, descansan las colmenas. Las abre con cautela para extraer su elixir y llenar los cubos. El olor dulzón atrae los insectos y los centinelas de aquella corte, desconcertados, revolotean nerviosos.
Cumple con un ritual de siglos, su madura experiencia, le proporciona el cuidado preciso. Sobre su cuerpo desnudo una fina gasa la protege de las picaduras. Nada la distrae de sus obligaciones. El sol del medio día marca el fin de su tarea. Agotada, se acerca hasta la orilla del río y humedeciéndose las manos refresca su cuello, sus senos y remoja sus pies antes de sentarse en la linde para recuperar las fuerzas.

La serena belleza del maduro rostro le cautiva al extremo opuesto de la otra senda. Ve como rellena con mimo los cántaros y repletos los tapa. Pequeños hilos de dulce tejido, acompañan el recorrido de sus manos, se enredan en su cuerpo proporcionándole una delicada y apetitosa prenda.

Debe escoger..., su futuro depende de ello, pero su mirada se pierde en el infinito...

Carmen Rosa Signes 210206

free b2evolution skin
25
Ene

El arcano número 7. El Carro

free b2evolution skin
25
Ene

Las posiciones opuestas del arcano número 7

Sobre los árboles las aves se posan descansando del largo recorrido migratorio. El sol poniente confiere al cielo la variedad cromática del fuego mientras, en la lejanía, densas columnas de humo presagian el fin.
Aparta las ortigas para recolecta unas cuantas hierbas aromáticas con las que macerar la carne de venado recién cazado. Allí postrado contempla el resurgir de la luna oculta por el velo de su vergüenza, el segmento invisible, de su oscurecida faz , invita al recogimiento y la reflexión.
Suspendido de una cuerda, en lo alto de una rama, se halla su trofeo. Con un único pedazo del animal, sobre los hombros, se encamina hacia el campamento. Al día siguiente enviará a sus gentes para recoger el resto.
Para Vercingetórix no hay nobleza en el enemigo. Ha sido testigo de la destrucción, de la impiedad, de la falta de respeto y cree que la pléyade de los dioses, sus dioses, le harán vencedor y los invoca.

Si Cesar hubiera previsto la noble resistencia de los salvajes galos, tal vez habría cambiado sus ansias de conquista en pos de alguna alianza.
La tranquilidad aparente es sólo ficticia y, en el caminar tortuoso de sus hombres, se intuye el miedo.
El frío se adueña de sus huesos. Se acaricia el rostro mientras regresa a su tienda.
Antes de sumergirse en la volátil ligereza de su alojamiento, un gesto indiferente le acompaña mientras observa la arista iluminada de la luna y, cerrando los ojos, suspira mientras se pierde entre las telas.

Ambos se debaten entre la admiración y el desprecio. Mientras tanto, los muertos se amontonan prolongando el agónico paso de las estaciones.
El triunfo se vislumbra de diferente forma, para Cesar es una cuestión de honor y prestigio, Vercingetórix sabe que no rendirse ni claudicar es vencer.
Los meses han marcado el ritmo de la batalla, ora de un lado, ora del otro, la balanza de los misteriosos designios divinos ha jugado con sus vidas.
El ejército romano descompone en bodrio las tropas galas al día siguiente. Recogen los prisioneros abatidos por el desánimo. El orgullo los mantiene en pie.

La sangre gotea dejando una huella menuda que se extiende y penetra en la tierra alimentándola. La pieza cobrada el día anterior se descompone al sol, mientras la luna crece despacio dejando atrás su vergonzoso velo.

Carmen Rosa Signes 020306

free b2evolution skin